Cada mes se encestan cerca de 200 piedras para pedir favores casamenteros
25 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Hace unas semanas, en el mes de julio, una familia comía a la sombra del carballo de Vilardefrancos, en Artes (Carballo). Cuando se marchaban, cayó una rama sobre el lugar que ocupaban. No pasó nada. Ayer, la rama aún seguía allí. No es fácil que los vecinos quieran retirarlas. Pasa siempre con los árboles a los que se le atribuyen ciertos poderes, leyendas que son fruto de una herencia secular, culto dendrolático, que dicen los expertos. Había ocurrido, por ejemplo, con el de san Fins de Cambeda, en Vimianzo, al que atribuyen sanación de hernias, cuando los operarios municipales le cortaron unas ramas: nadie quería sacarlas del sitio.
En Vilardefrancos, lo mismo. El carballo de San Antonio, que así se llama, es muy venerado. Hernias, no se sabe, pero su mayor capacidad se va en casar a la gente. Es una tradición conocida que, lejos de desaparecer, crece. No hay más que echar un vistazo al hueco que tiene en el tronco, a media altura. Casi como una canasta de baloncesto reglamentario. Cada mes encestan en él más de 150 piedras de pequeño tamaño, según los cálculos de un operario que lleva años en la zona. La cifra es muy variable, porque no es lo mismo en época veraniega o de vacaciones que en los meses del invierno. O en el fin de semana. No es raro que, aprovechando las bodas que se celebran en el magnífico pazo (del que depende el carballo), algunos invitados prueben puntería y tal vez sean los próximos en pasar por la vicaría o por el convite en el pazo. Si además la que tira la piedra también ha recogido antes el ramo de la novia, las posibilidades pueden aumentar.
Porque, en efecto, la mayor parte de quienes arrojan los guijarros son mujeres. El procedimiento varía según quien lo cuente, pero, en general, habría que dar tres vueltas en torno al carballo y después lanzar de espaldas. El enceste es boda segura. En algunos foros (no locales) se cuenta que, si se logran atinar siete piedras, San Antonio da lo que se le pida. De la distancia a la que hay que hacerlo nada se sabe, tal vez la que aconseje el sentido común.
Leyendas
Las leyendas relacionadas con el carballo son conocidas. Nació, se dice, en el altar de la capilla de San Antonio, dentro del pazo. El altar se llevó al pazo, la capilla original desapareció, el árbol se trasplantó y hasta hoy. Otra versión apunta a que San Antonio, de camino hacia Santiago, ofició misa en el templo y, durante el ritual, sucedió el prodigio del rápido crecimiento, derribando la ermita y construyendo más tarde la actual.
Del carballo, ahora rodeado por un souto de castaños, se cuenta además que su savia es casi como sangre, un jugo muy espeso, circunstancia añadida al respeto que ya de por sí se le tiene.