Todo lo que arde

| EDUARDO EIROA |

VIMIANZO

PASABA POR AQUÍ

23 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

DEBE SER un asunto de modas. Lo del fuego está que rompe. Quien no tiene su incendio no es nadie en estos mundos. Arden los montes, arden las casetas de los mariscadores, las casas de Vimianzo con anciano y todo, y, por arder, este verano ardieron incluso bateas, unas estructuras que es bien difícil que lleguen a la ignición por causas naturales. O Pindo es una hoguera de San Juan, y en general todos los bosques que todavía no se han convertido en llamas están a la cola. Es decir, que cierto porcentaje de la población se dedica a andar mundo adelante con latas de gasolina y cerillas, seguramente porque el fuego en verano es algo muy festivo y porque así se gasta menos en alumbrado público. Unos para ver los lindes de la finca, otros para perjudicar al vecino, otros más, sencillamente, porque no están bien de la azotea. Ya podían dedicarse a otras locuras. No sé. A peinar ranas.