Alberto Recarey, jugador del Ponteceso: «Chorei despois de volver a xogar, porque chegara a odiar o fútbol»

Antón Lestón
Antón Lestón REDACCIÓN / LA VOZ

PONTECESO

Basilio Bello

El talentoso centrocampista dio un valiente ejemplo en sus redes sociales

01 feb 2022 . Actualizado a las 00:15 h.

Cualquiera que lo conozca, o que lo haya visto jugar alguna vez, intuye que la relación de Alberto Recarey (Ponteceso, 1995) con la pelota ha sido muy estrecha desde la cuna. Por la felicidad que desprende cada vez que viste la camiseta número 8 de su amado Ponteceso, en el que lleva toda la vida pese a contar con alguna oferta de Tercera División, y por la calidad que demuestra en cada acción. Sobre todo a balón parado. «En infantís, Mato obrigábame a lanzar dez faltas despois de cada adestramento, e aínda sigo facéndoo. Nos córners, o mesmo, recordo que Nacho me dixera que non sabía sacalos e tocoume o orgullo, entón púxenme a practicalos ata que saíran», cuenta, destacando el mucho trabajo que hay detrás de todo lo que ha conseguido en la vida: «Nunca me deron nada regalado, sempre tiven que pelexar polo que quería».

Por esa unión de factores, la noticia de que en pretemporada no tenía ganas de jugar pilló un poco por sorpresa a todo el entorno futbolero de la comarca. Hasta que en diciembre se decidió a contar el motivo a través de sus redes sociales: «Todos os que me coñecen, saben que non son moito deste tipo de cousas, pero tamén saben que me gusta colaborar e a ocasión ben o merece. En xuño do 2021 fixéronme o maior regalo que recibín ata hoxe: ir ao psicológo. Forzado. De mala gana. Non é para tanto, estou ben, xa se me pasará, é unha mala época... era unha constante no meu repertorio. Si, profesional da famosa saúde mental. Como cando che doe a espalda ou tes unha rotura de fibras e vas ao fisioterapeuta por unha masaxe. Ou como cando che falla a luz e chamas ao electricista».

Claro que para hablar así sobre su salud mental, habían tenido que pasar ya unos cuantos meses. «Por un cúmulo de circunstancias, a partir de abril a miña vida volveuse moi monótona, e iso derivou nunha situación na que non me apetecía saír da casa», recuerda. Hasta que todo explotó y se volvió aún más negro: «Eu sabía que necesitaba axuda, pero como sempre me valera por min mesmo, non quería preocupar aos demais. Ata que chegou un punto no que xa non quería ver nin a miña irmá, nin aos amigos nin a miña avóa». La ansiedad se había apoderado de él, incluso, para hacer las dos cosas que más disfruta: trabajar y jugar al fútbol. «Eu teño o privilexio de espertarme feliz grazas ao meu traballo, pero soaba a alarma e bloqueábame», dice.

Trabajando como ingeniero industrial en la empresa que dirige Martín Lema en Vimianzo, decidió entonces coger la baja. Era el mes de julio. Y entonces sí, entre familiares, compañeros de equipo y su jefe, le convencieron para acudir al psicólogo. «Eu armeilles jaleo dicindo que non estaba tolo», evoca, ahora entre risas. Y vaya si fue bien. «A miña vida deu un xiro de 720 graos, nunca estiven tan ben» señala, admitiendo que tuvo mucha suerte de encontrar un profesional con el que comparte muchas aficiones y al que sigue acudiendo periódicamente.

De hecho, su mejoría fue más rápida de lo habitual y pronto se atrevió a volver con el fútbol. «Recordo que o decidín estando de viaxe logo de ver que foran goleados, e cando xoguei o primeiro partido volvín a casa chorando do feliz que estaba, sen entender como chegara a odialo, porque houbo momentos nos que non quería velo nin por televisión», rememora. No obstante, el deporte fue clave para retomar rutinas olvidadas con sus amigos. Y también para recuperar las ganas de volver, en diciembre, a su puesto de trabajo. «Teño a sorte de contar cun gran xefe que se preocupou en todo momento e que no Nadal me ofreceu regresar», desvela, lleno de gratitud.

Un activo importante en el club

Más allá de su importancia como futbolista, Recarey ha sido uno de los responsables, también desde la directiva, de la recuperación del mejor Ponteceso, que pasó de merodear la parte baja de la Liga da Costa a proclamarse campeón en pocos años. Ahora, octavos en la primera fase de la Primera Galicia, son conscientes de que lo importante llegará en la segunda ronda del campeonato, donde tendrán como objetivo salvarse.