El pastel


Las aguas bajan muy revueltas en varios consistorios, sobre todo en los de Ponteceso y Muxía, y ahora también en Malpica. Los concellos se están convirtiendo en un peligro para la estabilidad emocional de los alcaldes. Los ediles ya no van a los concellos a servir, en unos casos, o a levantar la mano, en otros, como solía suceder. Ahora también quieren su parte de los pasteles políticos. Y estos dan para lo que dan. Falta un poco más de interés por servir a los ciudadanos y atender al bien común que darle lustre al sillón. Aquí nadie habla de proyectos. El yo manda sobre el nosotros.

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