«Son moi bailadora, gústame moito»

PERSONAS CON HISTORIA | Estudia un ciclo medio de administrativo en el instituto Eduardo Pondal de Ponteceso y forma parte de la Coral de Tella, con la que la semana pasada cantó en solitario varias estrofas de un villancico. Le encanta la música y bailar, así como las artistas Amaia Montero y Amaral. Su escritora favorita es Isabel Allende. Anabel Martínez es ciega desde que nació

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«Son moi bailadora» Anabel, de Ponteceso, forma parte de la Coral de Tella, con la que la semana pasada cantó en solitario varias estrofas de un villancico. Le encanta la música y bailar. Es ciega desde que nació

Carballo / la voz

Anabel nació en Tella (Ponteceso) a principios de agosto de 1995, pero la vida la llevó a A Coruña y a Arteixo, donde estudió el bachillerato. En mayo volvió a sus orígenes, junto a su hermano mellizo, y allí su voz dejó impresionados a los que asistieron al concierto de Navidad.

La música es para esta joven una forma de pasar el tiempo, una manera de entretenerse y de relajarse. Así ha sido desde pequeña, pero nunca se le ha pasado por la cabeza ser profesional, aunque las felicitaciones recibidas tras esa actuación bien podrían haberla animado.

Ana, como se hace llamar, estudia un ciclo medio de administrativo en Ponteceso, aunque tiene titulación para optar a uno superior. Como con la música, el sentido común se impone. «Preferín empezar pola base», explica. Estuvo a punto de abandonar el bachillerato, pero el apoyo de los profesores de su instituto y de la ONCE consiguieron que terminada los estudios.

Autónoma

Por ahora su vida se centra en formarse para conseguir un trabajo y en poder ser autónoma, para lo que aún le falta bastante. En Arteixo se manejaba mejor y el cambio a Tella le ha restado independencia, pero trabaja para conseguirla. «Son de levar as cousas paso a paso, senón acabas saturado, bloqueado», explica. Pero no cesa: «Ata que o consigo, non paro», explica, y esa tozudez lo mismo sirve para manejarse por el entorno de la vivienda que para preparar Niño lindo, el villancico costarricense con el que se dio a conocer en la iglesia de Tella.

«Sentinme moi ben facendo o solo. Estaba moi nerviosa por se me saía mal, pero gustou. Mosqueeime porque tiven un fallo na última estrofa, son moi perfeccionista, pero todos me felicitaron e quedei contenta», explica. No era la primera vez que se presentaba ante el público. El instituto de Arteixo en el que estudió organizó varios festivales benéficos en los que los alumnos hacían gala de sus habilidades. Ana cantó. Eligió Escapar de Amaral y le puso su propia coreografía. «Non ía quedar parada», dice.

Porque casi más que cantar, a Ana le gusta bailar. Le chifla y procura no perder ocasión. La última fue el pasado día 13. «Fun con miña nai á festa da ONCE, no hotel Attica 21 da Coruña e non parei. Son moi bailadora, gústame moito», dice.

Ahora tiene pendiente mejorar su autonomía en los traslados. Tiene que demostrar que se mueve por su entorno sin dificultad para que la ONCE le asigne un perro guía. Se maneja bien por el instituto pontecesán en el que lleva apenas un trimestre, pero sabe que si le cambian de clase tendrá que recurrir de nuevo al apoyo que le brinda la ONCE. En todo caso, sus compañeros se vuelcan con ella, al igual que los docentes, y si se pierde hace lo que haría cualquiera: pregunta.

Cuanto ha tenido un día duro y está saturada recurre a la música. Le gustan las baladas y el pop, huye del rock y el rap y es muy selectiva con el reguetón. En la música coral elige las habaneras, aunque no ha tenido todavía muchas oportunidades de lucirse ya que solo ha actuado en dos ocasiones con la coral.

Familia y vecinos

A los ensayos, y para otras labores, la acompaña su vecina Isabel. «Estamos as dúas na mesma corda, somos contraltos», explica.

Con su hermano mellizo se lleva muy bien, «xenial», dice. «Sempre estamos picándonos de broma. É bo rapaz, axúdame moito», aclara. Los fines de semana se va a Arteixo para estar con su madre. No descarta viajar con la coral si les sale alguna actuación por Galicia, pero es pronto para decirlo. De momento, va paso a paso. Es su forma de vivir.

«Non son nin por asomo autónoma. Na zona rural é máis difícil e só levo en Tella desde maio»

En los colegios a los que asistió Ana estuvo apoyada por docentes que la ayudaban, al igual que en los institutos a los que ha asistido. Ha hecho cursos de la ONCE que le han permitido estudiar y mantenerse activa, pero todavía le queda mucho para poder ir de aquí para allá sin ayuda de nadie.

Le pasan los textos al braille y selecciona en la biblioteca de la ONCE los audiolibros que más le interesan. Su favorita es Isabel Allende, pero también Agustín Fernández Paz.

Dice que nunca se ha sentido distinta por el hecho de tener una discapacidad visual. Insiste en el término y rechaza el de diversidad funcional porque considera que no se ajusta a su situación. También explica que las docentes de la ONCE facilitan mucho la tarea de encontrar amigos en el colegio y de no sentir rechazo. «Nunca me considerei distinta», dice.

Sin embargo, en las charlas que da en algunos centros sobre cómo es su día a día todavía se sorprende por las preguntas que le hacen los niños. Su curiosidad no tiene filtros y les resulta muy difícil ponerse en la piel de alguien que nunca ha podido ver.

«Ti como xogabas de pequena? Iso me preguntaron un día, e non souben que responder», señala. También se quedó con poco que decir cuando la consultaron sobre el modo en que se orientaría en un bosque y cómo evitaría los árboles. «Hai un mito moi grande cos que non vemos. A xente cre que contamos pasos, pero o que facemos é buscar un punto de referencia», aclara. Porque aún no tiene demasiados en Tella anda algo perdida. En un ambiente urbano es más fácil tener ayudas, pero solo lleva en Ponteceso desde mayo.

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