La Mikaela ahora hace botellón


Había ganas. Muchísimas ganas de disfrutar de la Mikaela de Buño. Se notó desde primera hora de la tarde. La lluvia del pasado año espoleó a los indecisos y la localidad fue una auténtica fiesta. El desenfreno es uno de los ingredientes del entroido para los jóvenes, eso está claro. También es habitual que en una celebración de estas características, la mayoría se decante por hacer botellón. Lo que no es de recibo es llegar a tal punto de desinhibición que no sepamos ni donde dejamos nuestros residuos. Así es que Buño amaneció lleno de basura -por no emplear otra palabra menos apropiada pero más acorde con la situación- y los técnicos de limpieza tuvieron que trabajar, un año más, a destajo para no horrorizar a los vecinos.

Hay que ser francos. Todos hemos hecho al menos una vez en la vida botellón. Ya sea un sábado por la noche, tomando una cerveza con amigos mientras se hace un churrasco en una parrilla pública o esperando a que nuestro grupo favorito suba al escenario de un festival. Lo importante es que no se haga daño a nadie. El problema es cuando la gente, consciente o inconscientemente, aplica el mismo modus operandi del que se sienta a tomar algo en la terraza de un bar: llega, bebe y se va, dejando los restos para que el camarero pueda recogerlos. Pero Buño no es un local. Las calles son de todos y, por tanto, hay que respetarlas.

No cuesta nada tener un cierto control de las botellas y envases que se estén utilizando e ir depositando en los contenedores los vacíos. Es lógico que, llegados a un punto, igual ni sabemos dónde hemos dejado la copa. Pero eso no es excusa. Igual la solución hubiese pasado por no permitir el acceso con botellas de cristal -algo que ya se realiza en otros acontecimientos masivos-, permitiendo solo envases de plástico y disponiendo de nuevos puntos donde depositarlos. Y no es que en Buño no hubiese contenedores, sino que ante tal aglomeración de personas es mejor crear depósitos accesibles.

Hay ejemplos y ejemplos. Lugares y celebraciones en los que se respeta la limpieza del espacio sin privarse los asistentes de beber. Por desgracia, fiestas como la Mikaela o A Barca de Muxía amanecen con estampas tan lamentables. Hay que fijarse en festejos como el festival VdeValarés, celebrado en un lugar tan emblemático como es la playa y el pinar de Balarés, en Ponteceso. Durante los años que llevo acudiendo al festival, se ha guardado un estricto respeto por este mágico medio.

Solo entre todos podremos preservar el buen ambiente de nuestras fiestas a la vez que mantenemos limpias -y seguras- nuestras calles, sin necesidad de recurrir a un batallón de barrenderos mientras otros curan la resaca

Por Brais Capelán CIUDADANA

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