Construir un sinsentido


Si algo bueno tuvo la crisis provocada por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria fue precisamente el efecto causado. Casi de un día para otro se paralizó la frenética actividad constructiva que ha dejado por todas partes las cicatrices provocadas por viviendas inacabadas, inhabitadas y, a todas luces, inadecuadas para las necesidades de la población.

En la recta de Anchoa de Fisterra se multiplicaron como setas pisos que ahora se malvenden o se pudren y que no solo provocaron la ruina a algún promotor y a sus familias sino que emborronaron el paisaje de la forma más absurda. El caso fisterrán ha sido el más llamativo, pero no el único. La Costa da Morte está salpicada de viviendas vacías, habitables o en completa ruina.

El afán edificatorio paró a cuenta de la crisis y como en algún sitio hay que vivir el mercado inmobiliario se ha abastecido de viviendas de segunda mano o de pisos con años a sus espaldas, pero sin estrenar. Cada vez queda menos, pero todavía queda mucho.

Desde que los emigrantes comenzaron a dedicar sus ahorros a levantar edificios en sus localidades de origen, a planta por hijo, dijeran lo que dijeran las normas urbanísticas, la principal inversión en la comarca ha sido el ladrillo. Hasta hace unos años, bastantes ya, podía ser interesante a nivel puramente individual, pero ahora es ruinoso.

Mantener la actividad de albañiles y arquitectos ya no es una opción de futuro y había que pensar en dar salida a los ahorros de forma más sostenible y sensata. Los sistemas de ahorro propuestos por los bancos (Preferentes) y otras organizaciones (Fórum Filatélico) dejaron un reguero de dramas en la zona, por lo que la confianza en las entidades financieras es bajas y los intereses menos aún.

Quizá sea el momento de plantearse nuevas fórmulas, ideas que permitan no solo asegurarse una jubilación desahogada, sino vivirla en una comarca lo suficientemente rica y tranquila como para que todo esté en armonía.

La gestión forestal, la ordenación sensata del territorio, la acuicultura sostenible, la transformación de productos agropecuarios, el desarrollo turístico o las nuevas tecnologías aplicadas a la zona rural pueden ser líneas de negocio interesantes que, además, pueden crear puestos de trabajo, evitar la despoblación y tener una comarca más adecuada para una jubilación gozosa.

Los pisos vacíos no dan de comer ni satisfacen a nadie, no son más que espacios que ocupan espacio sin finalidad alguna y que se van ajando con el paso del tiempo. Es bueno construir, pero hay que tener muy claro qué y para qué.

No querremos volver al sinsentido.

Autor Cristina Viu CIUDADANA

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