Lo escribí una vez, pero la memoria es frágil. En una de las visitas al Pointe du Raz (Bretaña, Francia), el que está considerado el equivalente al Fisterra gallego (el otro, un poco más al norte, es el de San Mateo), el director del complejo explicaba cómo se había puesto en marcha todo el proyecto que hoy es un ejemplo a seguir, y que recibe más de 800.000 visitantes al año. No fue fácil: hubo que poner de acuerdo a muchas personas y Administraciones, efectuar algún derribo, construir un centro de visitantes, elaborar un plan de gestión... Y cobrar por aparcar. Fue otro de los escollos. Parecía un riesgo enorme, pero dieron el paso. La suma de todo ello fue que los visitantes aumentaron. Pagas, aparcas, subes en bus si no quieres o no puedes caminar, hay senderos marcados, mucha información, buenas vistas... Una maravilla de lugar, pero desde mi punto de vista, muy inferior al Cabo Fisterra: no tiene la magia de la historia, la del Camino y la religiosa, ni sus espacios naturales son tan versátiles, pero para gustos...
El jueves, festivo, recordé una vez más las opiniones del director del centro. Y, como en los dibujos animados, cuando saltaba el símbolo del dólar en las retinas de un pato de Disney, me imaginaba todos aquellos vehículos pagando por el acceso, pero teniendo garantizada una plaza, evitando colas, enfados, tener que buscarse la vida bajando por las pistas forestales o subiendo hasta el mirador-antiguo basurero, porque eso era lo que pasaba. Las colas no llegaban a Cabanas, pero casi. El plan director, aprobado, pero como el parador de Muxía, va a su ritmo, ya prevé una solución de este tipo, pero no se hace nada. Cada piedra pertenece a una Administración, y unos por otros, esto va para varios años más. Algunos se movieron mucho (en las redes) para evitar la construcción de un vértice con ejemplo ya construidos en el resto del mundo perfectamente integrados en el medio, y que permitiría completar un gran proyecto universal, pero a la hora de azuzar para las mejoras, nada de nada. Mucho perro del hortelano, me parece. Todo como siempre, con la diferencia de que cada vez hay más visitantes. Que, por cierto, tampoco pueden escuchar las trompetas-sirena. Hace un año organizaron una marcha para pedirlo, pero ahí quedó todo. El faro tampoco está abierto, otro punto que podría generar ingresos y satisfacer al que accede a su interior con propuestas de interés. Por los motivos que sea: sorprende tanta desidia. Ganaría Fisterra, ganaría toda la Costa da Morte.
Apunte final: la capa de niebla-nubes, borraxeira que de vez en cuando recubre todo el entorno del faro, llegando lenta desde poniente, es de lo mejor que se puede ver por la comarca.