ARA SOLIS | O |
18 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.NO ES mala idea, la de dedicar el cementerio de Fisterra a (una especie de) panteón de gallegos ilustres. No podría competir, y a ninguna ánima le pasaría por la cabeza siquiera, con San Domingos de Bonaval, que está para lo que está. Pero sí podría dar cabida, como morada eterna, o al menos hasta el fin de la concesión administrativa correspondiente, a intelectuales, artistas, o humildes y sencillas personas inquietas con aquello de la trascendencia. Lo dice la oposición, pero lo dirían muchos más: si no están interesados los del pueblo, de fuera habrá que quieran yacer en Cabanas. Ya hubo quien dejó las cenizas, y hay cada día, cada mes, gente que acude allí detrás de las esculturas (no sé si es apropiado llamarle así a los cubos; mejor, conjunto escultórico) y delante de un lugar de paz. En los mundos de hoy, las apetencias de los mortales son en todos los casos el panteón familiar para el descanso familiar. Hay incluso quien pagaría porque sus cenizas se esparciesen en el espacio (una compañía americana recoge pedidos), así que una exhumación en Fisterra, aunque sea entre hormigones de 4x3, ni siquiera llega a la excentricidad. Yo diría que es hasta un lujo. Tenemos un caso cercano. La estética está en las antípodas, pero el concepto es parecido. O Allo. Es un cementerio distinto a la norma, inspirado en O Caurel, ajeno a los tiempos y tradiciones de esta parte. Pero es elegante y hermosísimo. Contaba el cura un día el interés que ha despertado entre personas ajenas a la parroquia, incluso distantes. Lo sabe además cualquiera que viaje un poco por Europa: los buenos cementerios están en las mejores guías. Pues lo mismo Fisterra. Es el momento de aprovecharlo. Hay interés, y eso, además de lo cultural, significa dinero. Cada nicho vale mucho. Los 60 millones que costó, pagados además por la Diputación, se rentabilizarían de inmediato.