A la espera de la secuela


El consejo de administración de una gran empresa defenestra al que ha sido su presidente durante 24 años porque la situación económica es muy mala. Para echarlo se han unido su principal competidor, que quiere cambiar la política de la compañía, con la ayuda de un joven ambicioso y de una mujer tirando a sindicalista.

El grupo logra su objetivo, pero las relaciones del trío son tensas porque ven las cosas de forma distinta. El anterior presidente, muy experimentado, se va acercando poco a poco al chico y le va mostrando como las cuentas no llegan a cuadrar y la empresa no avanza. Lo va engatusando hasta que el galán, ambicioso, pero novato, rompe el pacto.

Tras varias escenas llenas de diálogos y poca acción, que no vienen a cuento porque son aburridas y resultan ininteligibles, cambian las tornas y el consejo de administración expulsa al nuevo dirigente, pero el que toma el poder es el joven y no el veterano.

Es uno de los momentos álgidos de la peli porque nadie se lo espera. Los espectadores contaban con que el ejecutivo experimentado recuperara su puesto, en lugar de apoyar al joven.

Aún no repuestos de la sorpresa, el galán sufre no uno, sino dos accidentes de tráfico, en un giro argumental inesperado y muy poco realista. Entonces, el experimentado accede a sustituir al herido y toma las riendas de la empresa.

El guion se complica realmente cuando el veterano permite, o incluso alienta, que salgan a la luz comportamientos poco edificantes por parte de su protegido, del joven ambicioso al que todo el mundo había supuesto honesto y desinteresado.

Al final, el veterano recupera el control de la empresa y desacredita tanto a su pupilo como a su competidor, alzándose con el papel de salvador de la empresa a base de pagar las deudas que estaban causando daños a otras empresas más pequeñas y dependientes de la mayor. Además, mantiene a la chica-sindicalista para que no se le vea tanto el plumero y para tener un contrapunto que indique que la empresa es democrática y no una multinacional avasalladora. Sin embargo, al final, al espectador le queda la sospecha de que en todo el tejemaneje ha habido algo oculto, algo que el director no ha querido mostrar, pero que se adivina muy turbio.

A mi también me quedó claro que habrá, al menos una secuela, porque el final quedó demasiado abierto.

En los títulos de crédito de la segunda parte también deberá poner que se trata de un trabajo de ficción y que todo parecido con la realidad (de Coristanco) es pura coincidencia.

Autor Cristina Viu CIUDADANA

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A la espera de la secuela