La maleza invade las áreas recreativas de la Costa da Morte

CORISTANCO

El acceso a muchos merenderos está obstaculizado por la vegetación, mientras que en otros siguen los bancos rotos

11 jul 2008 . Actualizado a las 10:21 h.

Llega el verano y las vacaciones y, con ellas, las ganas de ir a pasar un día al aire libre y comer en alguna de las múltiples áreas de recreo que hay esparcidas por toda la Costa da Morte. Sin embargo, parece que la mayoría de los ayuntamientos todavía no se han puesto las pilas -quizás porque el tiempo no ha acompañado mucho- y la maleza se ha apoderado de muchas de las zonas de recreo.

El merendero de Rus tiene los bancos recién puestos, con mármol nuevo, aunque algunas de las mesas ya están adornadas con pintadas negras. La altura de la hierba, no obstante, delata el estado de abandono y desprende una mala imagen.

El encanto del área de A Rocheira, en Coristanco, se ve mermado por la presencia de bancos y mesas de piedra rotas y tiradas. Además, algunos asientos carecen de respaldo, aunque se conserva el apoyo metálico original, que queda levantado en vertical y supone un peligro para los usuarios. Este escenario se completa con varios columpios rotos y las papeleras con la basura a rebosar. La vegetación, sin embargo, está bien cuidada y parece recién cortada.

En Malpica conviven, como en la mayoría de municipios, el cuidado y el abandono. El merendero de Santo Hadrián, a pesar de sus vistas privilegiadas sobre el mar, tiene un hándicap en cuanto al mantenimiento. Si bien los bancos y mesas están cuidados, la maleza y los tojos engullen el mobiliario y dificultan el acceso a la zona. Por otro lado, el merendero de Seaia, situado a pie de playa, está bien atendido, con sus bancos, mesas y parrillas en buen estado, y el terreno cuidado. En Fisterra, las áreas recreativas no brillan por su mantenimiento. Los parques de la zona de la Praia da Langosteira y el de Sardiñeiro están inundados por la maleza y afectados por el mal estado del mobiliario. El abandono salta a la vista con solo mirarlos. Lo mismo ocurre en el último tramo del Río Grande, tanto en el área de A Carantoña (Vimianzo), como en A Ponte do Porto, donde el entorno de los molinos está inundado por la vegetación y abandonado. En A Gándara (Zas), el mobiliario también está afectado por la maleza y los vándalos.