«Nunca he dejado de estar empezando»

El artista madrileño disfruta del verano en Corcubión sin separarse de los escenarios


Cee / La Voz

Quinto de 11 hermanos, todos artistas: músicos, escritores, actores... Héctor Fernández Lera (Madrid, 1955) nació y se crió en el barrio de Chamberí y vive actualmente en Pinto, donde ejerce como profesor de música en Primaria, pero desde que tiene uso de razón solo recuerda «como mucho dos o tres veranos» que no haya pasado en Corcubión, de donde es originaria su familia y a donde regresan cada año buena parte de los hermanos a pasar las vacaciones. Músico, compositor y actor de doblaje -es la voz del Pato Donald en España desde 1995- ni siquiera en esta época del año abandona los escenarios. Con Uns Calquera -Elías Outes (bajo), Drok Japonés (percusión) y Christian Tomé (bajo), todos ellos de Corcubión- tocaron el día 15 en la plazoleta del bar Suiza; el 19, en A Vela de Samil, y todavía hay oportunidad de verlos el día 20 en el Lennon de Cee y el 30, en A Galería de Fisterra.

-¿Se toca diferente entre amigos y con el relax del verano?

-Cada vez que subo encima de un escenario para mí es la misma presión. En este caso no es como cuando llegas con tu guitarra y está todo dispuesto. Tienes que preparar el sonido... Parece relajado, pero soy un profesional y en el escenario es siempre igual.

-Este formato de tocar en bares, con amigos... ¿Es un poco volver al principio?

-Realmente nunca he dejado de estar empezando. Si crees en lo que haces tienes que seguir. Por ejemplo, toqué en Pinto, donde vivo, en la Feria del Libro, contratado por el Ayuntamiento. Donde no me contratan y hace ya once años que no toco es en Cee. No lo hago porque no me llaman y lo del caché es una mentira porque tengo caché para tocar donde sea. De hecho aquí, si se diesen las condiciones, podría formar una banda muy ordenada con esta gente e incluso con más.

-¿La edad de sus alumnos es la propia para coger el gusto por la música?

-Es un momento muy importante entre los seis y los 12 años para que te entre el veneno de la música, para que les guste simplemente escuchar música, leer... Hay escuelas municipales y otras, grandes profesionales, pero la verdad es que está costando mucho. Por ejemplo en la ESO se ha incrementado la ratio de alumnos por grupo y la Ley Wert no es precisamente el mejor ejemplo. La música se ve como un adorno, solo interesa el negocio y cuando solo se busca el beneficio económico de algo, no el humano, mal vamos.

-¿Se traslada eso a otros ámbitos?

-Por ejemplo se da algo que yo solo veo en España, que no hay en Portugal ni en ningún sitio de Europa, que me parece una falta de educación y de respeto. Hay gente que da por hecho que por ir a un local y pedirse una copa ya tiene derecho a ser maleducada. Se pone a hablar a grito pelado delante de ti. Creo que haría falta mucho más respeto por el artista. Yo echo de menos, a lo mejor, no tener ahora una oficina de representación para tocar en teatros y en sitios así, donde la gente va a escuchar y se valora el esfuerzo

-¿Hay un desprecio, por decirlo así, de la cultura?

-No está asumido que la cultura hay que pagarla. La gente puede salir y tomarse siete cubatas en lugar de tomarse cuatro y comprar un disco del artista que le gusta, que quiere tenerlo. Se ha instalado la cultura del todo gratis y eso es muy injusto. Se ha convertido en una actitud vital, de que nuestros actos no tienen consecuencias y sí los tienen. Hay mucha gente que no se está implicando y creo que deberíamos ser más serios en lo social porque estamos perdiendo la identidad como seres humanos.

-¿Se divierte sobre el escenario en estas citas veraniegas?

-Nos lo pasamos muy bien. Ya llevamos más de 120 conciertos en estos cinco años y cada uno es un mundo incluso haciendo lo mismo. Cuando haces algo que te gusta -te tiene que gustar- y es tuyo, personal, que no es copia de nadie, resulta gratificante. Eso sí, hoy en día todo el mundo tiene que vender en los conciertos. Nosotros el otro día vendimos unos cuantos discos de la lata de conservas [Al Natural, el recopilatorio que se presenta envasado como en conserva] y los tenemos en el Bar Suiza, además de en Stoupa.gal, la tienda virtual.

PARA COTILLAS

-¿Piscina o playa?

-Playa. Mejor las de la Costa da Morte y a poder ser que estén casi vacías.

-¿Mar o montaña?

-Buff, no sé. Las dos cosas tienen su punto.

 -¿Gin-tonic ou licor café?

-Güisqui. Güisqui, agua y cerveza. Güisqui, cerveza, y agua. Por ese orden, o por otro, no sé la verdad.

-¿Pulpo á feira o a la brasa?

-Á feira.

-¿Churrasco o parrillada de pescado?

-Ahí me pillas. El churrasco me gusta, pero ya aburre un poquito también. Quizás una buena parrillada de pescado con «bo peixe» sea más original.

-¿SMS o WhatsApp?

-Ninguna de las dos cosas. No soy mucho de eso. Prefiero llamar y hablar con la gente. Creo que es mucho mejor.

-¿Gafas de sol?

-Sí, tengo los ojos delicados.

-¿Visera o sombrero?

-Si tuviese que ponerme alguna de las dos cosas, quizás un sombrerito, pero no uso de eso. Tengo buen pelo. 

-¿Panorama o Luar na Lubre?

-Vamos, Luar na Lubre o Berrogüetto, o ACDC, o Metallica, o tantos otros. O la orquesta Os Modernos que escuché el otro día en el Castro de Borneiro, en Cabana, cerca de Laxe, y me recordó momentos maravillosos de la época de la movida con una orquestita que tenía yo muy parecida.

-¿Chill-out o chiringuito?

-Chiringuito de playa.

-Una fiesta que sea imprescindible para usted.

-No soy mucho de fiestas, pero quizás la mejor sea la inesperada, la que no se planea.

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