Todos los trenes que perdió Cerceda

Las líneas de cercanías nacieron hace casi 70 años y se fueron hace diez. Con estaciones reconvertidas o abandonadas, y la Vía Verde, no volverán


carballo / la voz

Hace diez años, poco más, Cerceda perdía sus trenes de proximidad, herederos de una línea, entre Zamora y A Coruña y vía Santiago, que había nacido de manera definitiva en torno a 1943. Al lado de traviesas y raíles se fueron creando enormes ecosistemas de relaciones personales y comerciales que generaron una intensa vida durante decenios, que hoy ya es historia. Y sin retorno: las vías se eliminaron y túneles quedaron sin uso, salvo en los tramos adaptados para el Eixo Atlántico de Alta Velocidad, o lo que es lo mismo, las nuevas vías paralelas. Más rapidez, mejores trenes, menos alma, escasa funcionalidad para las parroquias. Como las autovías.

Decenas de kilómetros ferroviarios quedaron en vía muerta. La hermosa estación de Meirama es ahora un museo de la minería. La de Queixas, un albergue. El apeadero de Cerceda no se usa, y la estación de Londoño está bien arreglada tras unos obradoiros. Hay una vía alternativa en un tramo de más de 14 kilómetros, con estación nueva entre Meirama y Cerceda, pero no es lo mismo: alejada de los núcleos, sin vida, sin negocios al lado como en los viejos tiempos, sin horarios adecuados para ir a trabajar, por ejemplo a Santiago. Y este año llegará la Vía Verde, una ruta para caminantes o bicicletas entre Cerceda y A Sionlla, Santiago, por donde antes iban los trenes. Es un intento de aprovechar para el ocio y el turismo esos espacios abandonados.

Lo curioso es que la estación nueva es moderna, con buenos trenes, siete-ocho convoyes cada día hacia A Coruña y Santiago. Pero se usa poco. Si antes las estaciones y lo apeaderos estaban casi entre casas, ahora hay que desplazarse unos kilómetros para usarla, y a muchos no les compensa. Un ejemplo es el de Luz da Igrexa Prego, que vive en Cerceda, trabaja casi al lado de la estación de Santiago, y no puede ir en tren. Los horarios de los trenes son incompatibles con los laborales. Nada que ver con lo de años atrás, con el apeadero y las estaciones estaban llenas de estudiantes, trabajadores... «O tren foi fundamental para estudar e traballar, era utilísimo», explica. La nueva está a tres kilómetros del núcleo cercedense. «Os horarios de agora son imposibles. E hai que ir en coche, cando é de noite está solitaria e escura... Ata hai xente que vén ao parque acuático no verán, pensa que está ao lado, e ten que andar moito», explica. También se queja de que para sacar los billetes, si no hay máquina o no funciona, hay que hacerlo en el tren, siempre que aparezca el revisor.

Carmiña nació y vivió entre trenes. Carmiña Queijas es de Queixas. Nació y creció al lado de la vía del tren en el lugar de O Barroso, parroquia de Queixas, en la estación de Cerceda. Y lo hizo en un bar, ultramarinos y fonda muy conocida que cada día tenía decenas de historias que contar. Hoy, jubilada, con 75 años y el bar cerrado, confiesa que llevó mejor de lo esperado esa transición vital tan importante. Recuerda sus juegos de niña, en las vías: «Ata lle ía dar a saída aos trens».
Carmiña nació y vivió entre trenes. Carmiña Queijas es de Queixas. Nació y creció al lado de la vía del tren en el lugar de O Barroso, parroquia de Queixas, en la estación de Cerceda. Y lo hizo en un bar, ultramarinos y fonda muy conocida que cada día tenía decenas de historias que contar. Hoy, jubilada, con 75 años y el bar cerrado, confiesa que llevó mejor de lo esperado esa transición vital tan importante. Recuerda sus juegos de niña, en las vías: «Ata lle ía dar a saída aos trens».

De los trenes de siempre podría hablar durante horas y horas Carmiña Queijas, toda su vida ligada a la estación de Cerceda (Queixas). En su bar-fonda, fundado por sus padres, atendía a todo tipo de viajeros, desde el obrero que iba a A Coruña al emigrante que se marchaba a Suiza y compraba ahí las botellas de coñac. O aquel que venía la tarde antes para quedarse a dormir y coger el primero a Santiago para ir al médico. De todo. Su bar lo cerró hace dos años, cuando la estación ya era historia. El cierre le dio pena. «Unha pena terrible, pero non me puxen melancólica. Ata eu me sorprendín diso», reconoce.

Cuatro paradas en un tramo muy pequeño

Incluso a estas alturas resulta llamativo que en un tramo tan escaso como Cerceda hubiese cuatro paradas para el tren, con tres estaciones y un apeadero. Pero también sorprende la nomenclatura. La primera, tras el apeadero de Gorgullos, en Tordoia (abandonado) es la de Queixas-Londoño, que en realidad está en la parroquia de Xesteda, cerca de Portobrea. La segunda es la de Cerceda, en Queixas. La tercera, apeadero de A Vila da Igrexa, está en Cerceda. Y la cuarta, la de Meirama, sí: está en Meirama.

La nueva (y única) estación. La de Cerceda-Meirama, así llamada porque está en una zona que toca ambas parroquias. Alejada del núcleo cercedense, a finales del 2009 ya estaba casi lista. Por ella pasa la nueva vía, más ancha, preparada para las nuevas velocidades. Además de trenes convencionales, los de los residuos de Sogama y los del carbón (hasta hace poco, ahora ya no) animan un poco las vías.
La nueva (y única) estación. La de Cerceda-Meirama, así llamada porque está en una zona que toca ambas parroquias. Alejada del núcleo cercedense, a finales del 2009 ya estaba casi lista. Por ella pasa la nueva vía, más ancha, preparada para las nuevas velocidades. Además de trenes convencionales, los de los residuos de Sogama y los del carbón (hasta hace poco, ahora ya no) animan un poco las vías.

Para conocer la historia desmenuzada de la vía entre Santiago y A Coruña es fundamental leer el reciente libro Chegadas, Saídas. O antigo camiño de ferro Santiago de Compostela-A Coruña, obra de Manuel Pazos Gómez. Recoge infinidad de datos, fotos, curiosidades, memoria oral... Una delicia para los amantes de los trenes y de la historia comarcal en general, con amplia documentación y claves para entender el mundo ferroviario en una zona como esta en la que solo ha estado ligado a Cerceda, además de las vías y túneles de A Laracha.

En Europa, camino contrario

Manuel Amenedo Otero, ingeniero de Caminos, además de ingeniero técnico de Obras Pública, es director de Proyectos en la Sociedad Francesa de Caminos de Hierro (SNCF) en Lyon. Conoce bien la realidad ferroviaria europea, francesa, española y gallega. Es el autor del trabajo Un siglo de abandono del ferrocarril en Galicia. Situación actual del servicio ferroviario en el Eje Atlántico. Y no está de acuerdo con la Vía Verde tal y como está concebida: «Só está xustificada se existe unha alternativa en transporte público para as aldeas e vilas que adquiriron ese dereito de transporte durante decenios, e non é o caso do Eixo Atlántico Norte». Para todos los núcleos que quedaron fuera entre A Coruña y Santiago no se establecieron planes de transporte público alternativo.

El apeadero de Cerceda, sin uso desde hace años. Es uno de los dos apeaderos que había entre Santiago y A Coruña, inaugurado en 1964, mucho después de que empezase a funcionar al vía. Daba servicio, sobre todo, al núcleo de Cerceda, y se denominaba A Vila da Igrexa por su proximidad a la iglesia cercedense. Por ahí aún pasan los trenes a Sogama.
El apeadero de Cerceda, sin uso desde hace años. Es uno de los dos apeaderos que había entre Santiago y A Coruña, inaugurado en 1964, mucho después de que empezase a funcionar al vía. Daba servicio, sobre todo, al núcleo de Cerceda, y se denominaba A Vila da Igrexa por su proximidad a la iglesia cercedense. Por ahí aún pasan los trenes a Sogama.

Las nuevas estaciones, como la de Meirama, deberían dar el servicio de antes, o mejor, «pero non responden ás necesidades de mobilidade entre comarcas nin coas cabeceiras de liña». En Europa pasa lo contrario, añade: se recuperan líneas cerradas para reactivar asentamientos de población en la zona rural, y en Galicia se desconectan las zonas productivas del sector primario, por no hablar de que la Vía Verde carece de accesibilidad en transporte público.

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