Unos por otros y la comarca sin barrer

Juan Ventura Lado Alvela
J. V. Lado CRÓNICA CIUDADANA

CEE

Quitas al PSOE y el BNG de Cee -entre otras cosas porque los propios acontecimientos los espolean-, las guerras laborales de Ponteceso y el conflicto cainita de Vimianzo, que resurge como el Guadiana, normalmente a golpe de sentencia, y el debate político y social en la comarca está muerto. Los gobiernos, con más o menos éxito -si exceptúas Carballo por sus dimensiones y un par de ejemplos más- se dedican a gestionar miseria, mientras los grupos de la oposición parecen sumidos en el letargo como si las municipales fuesen ayer y no quedasen poco más de dos años para las siguientes. Incluso los más batalladores, como los nacionalistas de A Laracha, dan la impresión de haber entregado la cuchara en una panorama de mayorías absolutas en el que muchas veces propone y discute más alguna asociación de vecinos que quienes tienen el mandato democrático para hacerlo.

Hasta en los partidos más potentes se percibe una alarmante falta de fuelle. Así los populares de Fisterra o Cee se encuentran instalados en una oposición de baja intensidad, propia de quien no ha acabo de asimilar que ya no son gobierno y que les corresponde un papel distinto. Algo parecido a lo que ocurre en Muxía, Dumbría y Zas, donde no cuentan con tanta representatividad y se quejan de que no les dejan participar, pero tampoco destacan por la innovación y a constancia en sus propuestas. Sí la tienen en Camariñas, pero dentro de unas relaciones con el gobierno tan enrarecidas, que el no por sistema se ha establecido como moneda de cambio habitual por ambas partes desde hace ya muchos años.

El nivel de creatividad a la hora de sacarle los colores a los gobiernos y de poner sobre la mesa ideas que los contrarios se vean en la obligación al menos de estudiar se encuentra bajo cero, hasta el punto de que las mociones que llegan a los plenos se reducen a las de manual que envían las centrales de los partidos y no pasan de simples brindis al sol o cuestiones más propias del consejo de seguridad de la ONU que de una corporación municipal.

De la otra banda los mandatarios tampoco parece que los vayan a nombrar para un premio a la innovación. El día a día acaba comiéndolos en una ensalada de restricciones presupuestarias y limitaciones normativas, sin que la mayoría sean capaces de bajarse un momento de la noria para mirar qué necesitan sus pueblos y, aunque parezca imposible dárselo, hacer todo lo posible por conseguirlo.

Tampoco la calle, al margen del conflicto de Ferroatlántica de estos días, anda mucho más viva. Da la impresión de que todo se soluciona con un «me gusta» en Facebook y, entre unos y otros, la Costa da Morte sigue sin barrer.