Unas 260 personas participaron en la comida de despedida a Eduardo Puga, celebrada en Casa Sánchez, Erbecedo
30 ene 2017 . Actualizado a las 13:39 h.La de ayer no fue una homilía cualquiera para Eduardo Parga Vila (Bértoa-Carballo; 41 años). Y se notaba. Estaba muy nervioso y emocionado. La iglesia San Xoán Bautista estaba hasta arriba, como las grandes ocasiones. No cabía ni un alfiler. Se celebraba la misa de acción de gracias para un sacerdote que, desde ahora toma las riendas de las parroquias de Camariñas, A Ponte do Porto, Camelle y Carantoña, además de Cereixo y Carnés. Dio las gracias a todos los que confiaron en su labor pastoral: «Síntome querido por vós, dende sempre», dijo en un momento de la homilía». Agradeció el cariño dispensado por todos los feligreses y pidió disculpas por si alguien no se sintió bien tratado del todo. Fue un discurso en el que solo tuvo palabras de agradecimiento y, como no, para ensalzar la labor a la que lleva años dedicada: «Ser sacerdote supón perder algo, pero no meu caso gañei o 101 por cento». Pidió a los asistentes a la misa que mantenga vivo el cariño por la institución eclesiástica y que animen a los más pequeños y a los jóvenes a «seguir os pasos de Deus». La homilía se prolongó durante unos 15 minutos. Al acabar, los feligreses le rindieron un cariñoso homenaje con unos cálidos aplausos.
No fue el único tributo dispensado a Eduardo Puga. Unos 260 comensales acudieron luego a Casa Sánchez, Erbecedo, para participar en la comida de despedida. Hubo discursos y regalos, entre ellos, un reloj, un cuadro y una placa conmemorativa, concedida por el Concello de A Laracha y entregada por el alcalde, José Manuel López Varela.