Algo tan «fácil» como una señal

Patricia Blanco
Patricia Blanco CRÓNICA SOCIAL

CAMARIÑAS

08 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

La sociedad conmemoró hace tan solo unas jornadas (1, 2 y 3 de abril) los Días Europeos da Artesanía. En la Costa da Morte, todavía con el buen sabor de boca que había dejado la Mostra do Encaixe de Camariñas, fueron dos los obradoiros que se sumaron a una iniciativa promovida en el caso gallego por la Consellería de Economía, Emprego e Industria, a través de la Fundación Centro Galego da Artesanía e do Deseño: el de Palmira Castro (Mimadriña), en Fisterra, y el del oleiro Aparicio Añón, en Buño. Desde esta última localidad contaba el domingo Gonzalo, su hijo, ya internado en el oficio paternal, que sí se notó algo en cuanto a visitas y que, además, les encanta enseñar lo que hacen. Pueden hacerlo una vez que las personas llegan allí, pero, claro, el caso es que lleguen. Parece fácil, pero resulta que no lo es tanto. Hace escaso tiempo -unas tres semanas- que Carballo luce la señal de «Vila Termal» en su entrada. Por Buño llevan mucho tiempo reclamando algo igual, algo tan aparentemente sencillo como un indicador que promocione en las vías de comunicación con más tránsito que Buño es una «Vila Oleira». Esto es, una llamada de atención que permita al conductor saber que tiene cerca un lugar en el que hay algo (mucho) que ver. El sector artesano de esta localidad se ha quejado en distintas ocasiones de que falta una promoción más contundente y, eso, en los tiempos de la hiperconexión y la hiperinformación, tiene delito. El cierre del Centro Comarcal de Bergantiños, a pie de carretera, tampoco ha ayudado. Así se ve cómo una tradición milenaria vive horas bajas. Los oleiros de Buño se llevaron en su día la Medalla de Ouro ao Mérito nas Belas Artes precisamente por saber conservar el oficio, y en esas andan ahora, renqueando. Quienes han heredado el saber de padres, abuelos y bisabuelos echan en falta una escuela municipal que asegure un relevo y que fomente el interés de los más jóvenes, porque la cosa no pinta bien. Más bien pintan mal si se comparan aquellos 114 talleres que había a principios del siglo XX, tal y como recuerda O Rulo, con la quincena que, echando cuentas generosas, puede haber ahora. Si a mantener el oficio y a atraer visitantes contribuyesen unas meras señales, entonces con más razón habría que habilitar partidas (quien fuese) para instalarlas. Después habría de venir una Seguridad Social adaptada y un tipo de IVA que no asfixiase a unos artesanos que pagan como si fuesen industria. En cuestión de señales, y en caso de gestionarse, podría irse pensando también para Ponteceso. Un indicador que lo presentase como «Vila Literaria», por ser cuna de Pondal, podría quedar bien integrado en ese Itinerario do Rexurdimento que se está gestando. A veces, es en las cosas más a mano en las que hay que pensar. Resulta básico.