Una comarca de pasarela

Santiago Garrido Rial
Santi Garrido CRÓNICA

A LARACHA

Es extraordinario el fenómeno de O Fuciño do Porco, ese saliente que hay en O Vicedo, al lado de la ría de Viveiro, en plena punta Socastro. Si, efectivamente, debajo de un castro marítimo, obviamente enterrado, que por sí solo bastaría para atraer a los aficionados al espectacular pasado de Galicia, con parientes además muy impactantes en la Costa da Morte. Pero lo de O Fuciño -curioso nombre derivado de una supuesta similitud con el de los marranos- dará en su día para un estudio del comportamiento turístico de las masas, entre las que por supuesto me incluyo.

Lo que era una vieja senda casi sin uso hasta un extremo del monte, para el mantenimiento de una baliza, se ha convertido en una peregrinación impactante de miles de personas en época alta. Solo se arregló un poco, hace escasos años, por la Autoridad Portuaria: se colocaron algunas vallas-pasamanos laterales para mayor seguridad, y poco más. Ni señalización ni sitio donde aparcar había. Pescadores, algunos curiosos o incluso despistados eran los únicos usuarios. De repente, en poco más de dos meses, y tras la publicación de su existencia y los rápido que corre todo por las redes sociales, es un sinvivir. Un vendedor avispado que pasa allí toda la jornada calculaba el sábado unas 3.000 personas, y seguramente se quedó corto.

La verdad es que el sitio lo vale, pero también podría ser un buen laboratorio para la Costa da Morte. Para qué hacer y qué no hacer. Todos conocemos varios lugares de esta comarca que son tan o más interesantes que Socastro para una infraestructura similar. Y que, por tanto, si se arreglasen un poco las sendas y se colocasen pasarelas, por supuesto con subidas y bajadas, intuyo que el éxito sería igual o superior. Diría que mayor, pero es una opinión.

No es nada nuevo. Quien pasee por Portugal sabe de los buenos resultados de las pasarelas de Paiva, por ejemplo. Algo parecido en O Ézaro sería una atracción mundial. O en Fisterra, o Muxía, o la zona norte de Camariñas, o en la de Santa Mariña de Carballo, o... Muchos sitios. El tema es si valdría realmente la pena invertir en algo de estas características, que por supuesto no es agresivo con el medio ambiente, para atraer a esas multitudes. Tal vez el límite correcto está en Gabenlle, un extraordinario paseo en A Laracha, al lado del Anllóns, que se llena los fines de semana, pero sin excesos, y disfrutando de lo que casi es un parque temático por la abundancia de árboles y por el entorno en general.

En cualquier caso, es una reflexión en alto, porque de momento no hay nada similar en marcha. Y si, a corto o medio plazo, a alguien se le ocurre, que analice qué cómo ha ido todo en O Vicedo.