Una agricultura más razonable


La Casa da Cultura de A Laracha fue el viernes el escenario de una charla sobre producción integrada, que traducido al román paladino viene a ser una agricultura razonable, en las antípodas del boto-o-doble-para-que mate-máis. Da la sensación de que se ha avanzado mucho desde que el Nitramón se echaba a paladas en las leiras, pero lo cierto es que solo hizo falta la nueva normativa sobre el uso racional de los productos fitosanitarios para que cundiera el pánico y comenzaran las excursiones a León para comprarse un carné, como dicen que hacen los famosos en alguna autoescuela de Cuenca.

Si conducir un coche sin saber es malo, casi peor es esparcir a diestro y siniestro productos que matan, bichos, pero parece que la capacidad de envenenar va en función de la cantidad y del tiempo transcurrido, por lo que, como con los famosos y su permiso, con muchos agricultores aficionados más vale ponerse a cubierto.

La agricultura integrada, que se la llama ahora no es más que la tradicional de hace muchos años, casi una generación. Juan Carlos Lauroba, de la oficina agraria de Baio, lo dijo también en A Laracha hace tiempo. Lo que ahora es moderno ya lo hacían nuestros abuelos. Lo desaprendieron nuestros padres y ahora tenemos que asistir a charlas para echarle sentido común a las cosechas.

En el caso larachés el asunto es especialmente importante porque la huerta tiene en ese municipio explotaciones punteras. Las berenjenas, las fresas y las lechugas que se cultivan en el municipio se pueden adquirir en supermercados de Valencia o de Monforte de Lemos.

Además, la gente valora cada día más lo que come y quiere saber cómo se produce lo que lleva a la mesa. Por eso es importante dejar claro que en los campos se utiliza la cabeza y que es más importante el manejo que de los botes de insecticida o de fertilizante. Lo dicen incluso los que los venden, como el técnico de DuPont, que el miércoles habló sobre la polilla de la patata y aseguró que se han de aplicar un conjunto de medidas para contener cualquier plaga y que las culturales son las primeras y más importantes.

También jugó con los conceptos natural y químico, como si el primero fuera inocuo y el segundo, peligrosísimo. Nada que ver. La cicuta es un veneno natural y los productos que salen de un laboratorio pueden ser tan tiernos y dulces como un bebé. Lo importante es saber utilizar las herramientas que tenemos a mano para sacar una cosecha adelante y muchas de ellas no salen de un bote. Eso es, ni más ni menos, la agricultura integrada. Como los medicamentos, mejor hacer una vida sana para no utilizarlos, pero con ellos se salvan vidas.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Una agricultura más razonable