El entroido que se perdió

Patricia Blanco
Patricia Blanco CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO

Una de las imágenes de las últimas ediciones del Xogo das Vacas de Barizo
Una de las imágenes de las últimas ediciones del Xogo das Vacas de Barizo ANA GARCIA

Algunas fiestas, prácticas y «entroidadas» que en su día se dieron en la Costa da Morte se han quedado por el camino

20 feb 2026 . Actualizado a las 23:50 h.

Quizás porque hoy es un poco más fácil —o tiene menos nefastas consecuencias— ser transgresor en el día a día, ha perdido un poco el entroido ese carácter de rebeldía, irreverencia y contrapoder que antaño era más exacerbado. Incluso el ciclo era más largo de lo que es ahora. Eran días en los que (casi) todo estaba permitido: ellos pasaban a ser ellas, ellas pasaban a ser ellos, se movían los carros y cancelas y se le llamaba burro al vecino sin mayor enfado. Era el pueblo el que alimentaba estas entroidadas.

En Malpica, la tradición oral y las memorias más longevas guardan aún el eco de las coplas y fiestas de esas jornadas. Es uno de los municipios que, trabajo asociativo mediante, más conserva entroidos tradicionales, por más que algunos se han quedado por el camino. Al Faustino le falta en los últimos años su compañero Farruco y ya hace un tiempo también que en Barizo el Xogo das Vacas es memoria. Era el agro llevado al esperpento, cambiando roles al punto de que las vacas al xugo que tiraban del carro eran en realidad humanos.

Nada que ver, desde luego, con la Corrida do Galo que se tiene celebrado en Cabana o Zas. Fue la de Zas la más sonada. Denuncias de entidades animalistas y el celo del gobernador civil acabaron a inicios de los 90 con una macabra tradición que, aun así, resistió unos años en clandestinidad. Al gallo lo ataban por las patas, mediante una cuerda tensionada. Los corredores, con los ojos tapados, tenían que lograr capturarlo, pero otros no se lo ponían fácil moviendo la cuerda mediante un sistema de polea. No hace falta explicitar qué le pasaba a la cabeza del gallo. Había en otras latitudes variantes, como enterrar al animal en la arena y acertar en su cabeza con piedras. Puede sonar sórdido, pero aquellos que guardaron la tradición secular de la corrida en Zas preguntaban por qué las autoridades no perseguían igual el toreo

Del Casonciño al Polbo en Fisterra, y otros nombres que ya solo son hemeroteca

Esa recuperación del entroido hecho por el pueblo es parte de los objetivos de la Escola do Alprende de Oza (Carballo), que en los últimos tiempos ha recuperado personajes tradicionales como el varredoiro, el choqueiro y el ghalán. No obstante, si un Concello hay con tradición de llevar la actualidad y día del pueblo al entroido, ese es Fisterra. Casi que empezaba todavía el siglo XX cuando se crearon las primeras comparsas. También estaban documentadas en A Ponte do Porto o Carballo. Son legados que en parte continúan, aunque otras iniciativas hayan tenido menos sostén en el tiempo. En Fisterra, tras la catástrofe del Cason (1987), llegó el personaje del Casonciño al entroido, que después derivó en un pulpo que tomaba el cariz de uno u otro personaje según la actualidad que hubiese marcado ese año. La Queima do Polbo estuvo presente en el programa bastantes años, decayó después y allá por el 2015 trató de recuperarse con el tesón de Roberto Traba.

La Pillada do Porco o la Festa do Burro son también nombres que se han quedado ya en la hemeroteca. El lanzamiento de borralla o harina, incluso de huevos podridos, tampoco se ven ahora. En el otro sentido, muchos Concellos han profesionalizado sus entroidos.