15 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.
A veces, de lo malo se saca lo mejor y una nueva crisis termina siendo remedio para una anterior. A nivel urbanístico e inmobiliario, la Costa da Morte tiene mucho que agradecerle al covid. Quién iba a pensar que el confinamiento por el virus haría tan atractivos complejos de viviendas que llevaban años criando verdín. La tranquilidad y, sobre todo, los bajos precios han conseguido nuevos vecinos temporales, que compran en tiendas y supermercados y ocupan terrazas y restaurantes. Y eso es lo mejor.