Carmen, José y Paco, residentes de la DomusVi Vimianzo: «Canto máis medo lle tes ao covid, peor é»
CARBALLO
Piden responsabilidad para frenar un virus que robó la vida a dieciséis de sus compañeros y al que ellos pudieron vencer
12 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Por su buen aspecto nadie se imaginaría que hasta hace poco Carmen Moreira, de 94 años, José Gerpe, de 69, y Paco Vieites, de 68, permanecían aislados en sus habitaciones de la DomusVi de Vimianzo tras enfermar de covid. En el geriátrico el virus entró cuando menos se le esperaba, poco antes de Navidad. «Este ano non houbo nada que celebrar, foi unha desgraza», coinciden los tres. «Eu levo xa tres anos sen pasalo na casa, hai dous anos estiven no hospital porque foi cando me amputaron unha perna por problemas de circulación», añade Gerpe, que es usuario del asilo desde hace trece meses, casi el mismo tiempo que Paco, mientras que la más veterana es Carmen. «Levo cinco anos e medio aquí», apunta la mujer, que pasó el coronavirus con los síntomas típicos de una gripe. «Eu tiven tose e quedei afónica uns días, foi como cun catarro», señala la residente, que estaba más preocupada por los miembros del personal, también contagiados, que por ella misma. «Cando vía que algún faltaba preguntaba por el».
A pesar del avance de la pandemia, ninguno de los tres temía la llegada del covid. «Non pensamos que chegara a entrar na residencia», admiten. Ni si quiera tuvieron miedo cuando dieron positivo. «Medo non, canto máis medo lle tes peor é. Hai que estar tranquilo para poder pasalo o mellor posible», apuntan José, Paco y Carmen, que consideran que la infección actúa como los perros, «se ole o temor, vai por ti». Desde luego a ellos la táctica les funcionó porque ninguno sufrió complicaciones ni tiene secuelas. «Eu só estiven unha vez ingresada no hospital e fará cincuenta anos, cando me din un golpe nunha perna», dice Carmen, con una salud de hierro. Al igual que Paco: «Eu non sabía o que era un médico, comecei a tomar medicinas cando entrei aquí».
Sin visitas desde hace meses
Los tres son conscientes de que son unos afortunados, porque dieciséis de sus compañeros no lograron ganarle la batalla al covid. Por eso, piden a la gente «responsabilidade». «Hai que cumprir as normas que hai, porque pagamos uns por outros», dicen. La que más les afecta es la del cierre perimetral. Sobre todo a Paco, que es de Calo, Teo, por lo que su familia no lo puede visitar desde hace meses. Tampoco a Gerpe, que es de Coristanco, mientras que Carmen, de Vimianzo, recuerda que la última que recibió fue la de su sobrino a finales de noviembre, por su cumpleaños. Más tiempo hace que no ven a sus seres queridos los dos hombres: «Dende xullo, cando me probei un chándal que me trouxeron», recuerda Gerpe, que está deseando ver a un amigo que solía visitarlo, mientras que Paco extraña a sus hermanos. «Eramos dez, pero quedamos vivos oito».
Durante el mes que pasaron aislados lo que más echaron de menos fue su rutina diaria en el centro. Sobre todo Paco, que es el más inquieto. «Eu saio ao xardín a recoller as piñas e as follas, ou estou por aquí axudando no que podo. Gústame estar activo para que se me pase máis rápido o tempo. Agora estamos facendo uns corazóns para celebrar San Valentín», comenta. Por suerte, él y Gerpe comparten ala, y como los dos eran positivos podían verse. «Escapábame até a súa habitación para falar un pouco e matar o tempo», confiesa Paco. Ahora, por fin recuperaron sus actividades diarias entre las que no faltan ni el bingo ni las partidas de cartas. «Se vexo que hai algún que se pica, recollo a baralla e levántome da mesa», dice Gerpe, que huye de los conflictos.
Ilusión por ponerse la última dosis de la vacuna
El coronavirus entró en la residencia de Vimianzo a pocos días de Nochebuena. Sanidade confirmó los primeros contagios el 24 de diciembre, cuando emitió un boletín en el que confirmaban el contagio de 25 personas: 19 usuarios y seis trabajadores. Desde ese día, el virus siguió su curso en el espacio, en donde llegó a afectar al 70 % de los internos, con 98 contagiados de 141 a fecha del 7 de enero. Igualmente, la mayor parte de los empleados sufrieron la infección y el Sergas intervino el asilo a principios de enero para reforzar la atención.
Tras lo vivido, todos en el centro estaban deseosos de recibir la vacuna . «Non nos chegaba o día de poñer a primeira dose», apuntan José, Carmen y Paco, que recibieron la inyección el pasado día 5, cuando se dio por extinguido el brote en el asilo tras recuperarse los últimos dos afectados. Sin embargo, un día después, el viernes de la semana pasada, fallecía una usuaria de 84 años, la última víctima que el covid se cobró en el espacio, con un total de dieciséis fallecidos. Por eso, aunque los tres residentes no temen al virus, cuentan los días para ponerse la última dosis y dar carpetazo a la pandemia: «Aínda que xa o pasamos, poñer a vacina déixanos máis aliviados», apuntan.
De momento, tendrán que esperar a finales de este mes para inmunizarse por completo, ya que el día 25 se cumplirán las 21 jornadas de espera entre la primera y la segunda dosis. Mientras no llega la inyección, Carmen sigue con su rutina en la que no faltan los rezos por las mañanas, cuando coge su rosario y se va capilla del centro. «Vou todas as mañás un rato», confiesa la mujer de 92 años, que no pierde la fe. Porque si ellos pudieron superar el covid, con el esfuerzo de todos ganaremos la batalla a la pandemia.