Las puertas


En varias ocasiones a lo largo de este verano han salido a relucir las puertas de las iglesias. Iria Haz Picallo, historiadora del arte muxiana y guía en el dolmen de Dombate durante estos últimos meses, se adolecía de que, teniendo la comarca tal riqueza eclesiástica medieval, se cuenten con los dedos de una mano las iglesias que tienen un horario de apertura definido y que puedan visitarse con fines turísticos. Hablaba, pues, de recursos desaprovechados, y que tendrían muy buena cabida en el turismo sin masificación que se demanda ahora, en este contexto de pandemia. También en el turismo fuera de temporada alta, que a su juicio merece la misma atención que el de verano, el de Navidad o el de Semana Santa. Un experto en homologación de rutas de senderismo lamentaba lo mismo jornadas atrás, al hilo, también, de aquellas iniciativas que se ponen en marcha, se logran, y después caen en el olvido. Son muchos los museos en Galicia, comentaba, que dependen de un técnico voluntario y de su tiempo propio. También los hay que cierran los fines de semana.

La pandemia, las puertas y las iglesias ha generado asimismo comentarios en Muxía. Este 2020, por prevención ante el covid, no hubo novena ni se celebró como tal la romería de A Barca. Hubo oficios religiosos, con aforo muy limitado, el domingo y el lunes, este último día el más sentido por los muxiáns. «Durante a misa mirei para atrás, vin a porta pechada, coa xente fóra, e entroume un sentimento por min arriba...», cuenta una vecina. Las puertas son simbólicas, y ella se pregunta, sin ánimo de criticar el trabajo de nadie, si las cosas no se podrían haber hecho de otro modo, con la entrada abierta todo el día, vigilantes, como en A Milagrosa o en Caión.

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