Alfredo Mato, Arranchado: «Se non chego a levantar a man, morriamos todos afogados»

Marinero jubilado que también ejerció el oficio de electricista, estuvo en Cruz Roja y Protección Civil, entre otras entidades, y vivió la pobreza


Carballo / La Voz

Alfredo Mato Outeiro, conocido en Malpica como Arranchado (1937), es ejemplo de trabajador incansable y de persona muy colaborativa con la sociedad. Su historial lo demuestra. Estuvo unos seis años como encargado de la base de Cruz Roja, más de veinte como voluntario de Protección Civil, veinticinco en la comisión de fiestas, doce en la directiva del club de fútbol Malpica, fue donante de sangre hasta los 65 (tiene ahora 83 y está como de 50) y ejerció de monaguillo tanto en la infancia como ahora jubilado. Todo esto lo hizo, primero, compaginando con las labores de labranza cuando era muy joven, y luego, como marinero, oficio que a la vez realizaba junto con el de electricista (durante el fin de semana). «Quería que todo o mundo vivira ben e, á vez, sempre me gustou estar entretido. Por outra parte, tiña que quitar cartos como fose co corpo para a casa, non como a droga de agora», expresa.

Alfredo conoce de primera mano lo duro que es tener que ganarse la vida. «Fun fillo de nai solteira. Eramos dous homes e eu fun o único que quedei na casa, entón con 12 anos xa tiven que traballar polas casas dos labradores. Acórdome ben do mal que o pasei, porque tiña que traballar o mesmo que homes feitos e dereitos, pero conseguín vencer ese obstáculo», cuenta.

Caminando descalzo

Nació en Filgueira, lugar de la parroquia de Cerqueda, aunque desde un principio fue «máis malpicán que da aldea». De hecho, aún recuerda cómo iba andando descalzo hasta la playa Area Maior, en verano, para jugar al fútbol con un equipo que se incluía dentro de las actividades de la iglesia.

A los 22 años se casó con Luísa González, de Tallo, Ponteceso, mujer a la que, después de tanto tiempo, sigue admirando: «Foi unha sorte coñecela. Sempre será a mellor muller do mundo para min. Se tivera que volverme casar, escolleríaa a ela de novo», dice. Dos años más mayor que él, la conoció en una taberna que tenía la que ahora es su familia política. «Tomaba unha copa de caña cando tiña un peso», comenta entre risas. La clave para durar tantos años llevándose bien, cuenta, fue trabajar tanto: «Ela no porto cargando camións de peixe, eu no mar. Ela tamén era modista, e eu electricista. A electricidade de media Malpica está posta por min, pódese comprobar se se quere».

Empezó en el mundo del mar con 14 años. Practicó todo tipo de oficios: cerco, congrio... Aún recuerda boghar en las lanchas con los remos y de levantar aparatos de hierro con las manos.

Pero una historia que no se le olvida es la de un naufragio vivido en el 1959, a la edad de 22 años: «Viñamos de Muros no barco Uruguay e había moi mal tempo en San Adrián. Traiamos unha lancha a remolque que, por aquel tempo, transportaba o peixe. Aí ían os mariñeiros máis novatos, que neste caso eran tres e un patrón. Eu ía no barco, xunto con outras seis persoas, e a lancha virou. Un dos mariñeiros, que era un tío meu, apareceu vivo milagrosamente, que ninguén o cría, ás once horas alí en San Adrián. Os outros dous morreron: un primo meu apareceu en Caión un mes e pico despois. O outro, de Barizo, nunca apareceu. Pero o certo é que se non chego a levantar a man morriamos todos afogados. Se eu non me chego a encontrar forte, comíanos o mar». Arranchado cuenta que los dos patrones se pusieron muy nerviosos con lo ocurrido y empezaron a llorar sin saber qué hacer: «Revireime e obrigueinos a vir a porto». Fue un mal día para más barcos de Malpica: «Foi unha experiencia moi dura. Recordo que na Atalaia estaba toda a xente gritando porque xa dous barcos entraran mal antes ca nós. Foi unha traxedia grande». Batallas como esta las comparte a día de hoy con otros marineros jubilados en la muralla.

Integró la comisión de fiestas y el club de fútbol Malpica, además de ser monaguillo

No vivió más sucesos de este tipo Alfredo Mato, ni tampoco otros de mal trago pese a estar en la Cruz Roja y Protección Civil. Tuvo suerte en ese sentido, reconoce. Estuvo en la Marina Mercante y en el Gran Sol, pero todas las peripecias las vivió en Malpica. Siendo marinero, recuerda una huelga en el puerto malpicán para que los patrones no les quitasen la medidita y el sábado de descanso. Martina Fontán, Vamos indo, Morales y Temible fueron algunos de los barcos en los que estuvo enrolado como motorista. Se retiró a los 60 años en este último, aunque en realidad luego siguió haciendo trabajos como electricista: «Era algo que me encantaba», apunta.

De Cruz Roja se queda con el cariño de aquellos jóvenes que eran objetores del servicio militar y a los que con tantas guardias les ayudó: «Eran coma fillos. Aínda hoxe cando veñen a Malpica se achegan a abrazarme», dice. De Protección Civil recuerda la colaboración que había entre los servicios de todos los concellos de la Costa da Morte para controlar las fiestas. Precisamente en este sentido destaca la romería de San Fins do Castro, en Cabana: «O viño, o alcol, as drogas, conducen mal a todas as persoas. Lembro que aínda unha vez os antidisturbios, os policías e a Garda Civil abandonaron e tivemos que facer fronte á situación nós todos».

De la comisión de fiestas se queda con cuando trajeron por primera vez a Malpica la París de Noia y cuando realizaron la fiesta de San Cristovo, con procesión de coches y camiones decorados hasta Buño. De su paso por el club de fútbol Malpica recuerda que su puesto era «traballar». Ahora vuelve a ser monaguillo porque «é algo que sempre me gustou».

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