Los minutos más duros de mi vida

«Me pasé cientos de noches sin dormir al recordar el grito desgarrador de un compañero al que un etarra le metió una bala por un ojo», relató Ramiro Cerviño Pereiro


Siempre tuve claro que sería objetivo de ETA, pero aún así siempre quise ir al País Vasco. Quería ponerme en la piel de aquellos que sufrían en silencio la barbarie etarra, pero también deseaba saber por qué había gente que estaba dispuesta a pegar un tiro en la cabeza a un ser humano. En aquel trágico 1980 fui testigo de varios atentados y tuve que atender a varias víctimas, entre ellas compañeros. Recuerdo que el 6 de julio nos llamaron urgentemente para socorrer a unas personas que habían sido tiroteadas en plena calle, a la salida de un bar. Al llegar vimos a tres hombres tirados en el suelo, junto a la acera, con varios impactos de bala en la cabeza. La sangre todavía corría calle abajo y se metía por una arqueta del desagüe. La gente cruzaba la calle y saltaba por encima de aquellos tres cadáveres como si todo aquello no fuera con ellos.

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