No te sé explicar


Memoricé cada rincón de aquel momento, porque en el futuro volvería allí en mis recuerdos a buscar algo... Volví, estábamos mi abuelo y yo sentados al sol en el lavadero de Martín. «Si esto no es maravilloso, ¿qué lo es entonces?», le pregunté ese día de 1990 y él sonrío, como si yo ya supiese la respuesta.

Einstein decía que «solo comprendes algo cuando puedes explicárselo a tus abuelos». Al leer la noticia de que hay una estrella en el clúster Tucanae 47 que gira cada media hora alrededor de un agujero negro, viajando al 1 % de la velocidad de la luz, quise saber explicárselo a mi abuelo. La distancia entre el agujero negro y esa estrella es igual a la que hay entre la Tierra y la Luna. La Luna tarda 28 días en orbitar la Tierra; esta estrella, tardaría media hora.

Es unas mil veces más rápida que la Luna. El agujero negro no traga a la estrella porque es una enana blanca, un tipo de estrella degenerada tan densa que puede durarle un par de asaltos al monstruo gravitatorio.

La enana blanca es el cadáver de una estrella pequeña -como el Sol- que consumió su combustible nuclear. El agujero negro es el cadáver de una estrella masiva que colapsó y dejó una singularidad en el espacio-tiempo. Son dos estrellas muertas bailando.

Se me echa encima la noche intentando explicarlo, no sé si soy capaz, pero he pasado un rato acordándome de mi abuelo, leyendo sobre el cosmos y escuchando a Vivaldi.

Y pienso, como hace tantos años en Martín: «Si esto no es maravilloso, ¿qué lo es entonces?». Y en estas danzas del firmamento, alcanzo a ver la sonrisa de mi abuelo.

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