El arranque de una de las mayores crisis económicas y sociales que vivió Galicia tenía nombre propio, el de una vaca que, en teoría, infectó una granja de Rial-Cuns y otra de Ameixenda- Nantón. No fue Elvira la culpable del desastre, tampoco la Xunta, pero, al contrario que la res, la Administración autonómica empeoró las cosas con una actuación errática que después copiaría el Gobierno central. En el horizonte se vislumbra otra crisis, pero hay tiempo para reaccionar. Hay al menos dos o tres campañas por delante para evitar que la polilla llegue a Coristanco, la joya de la corona de Pataca de Galicia, la IXP que nos enorgullece. En los 19 años que han pasado desde el sacrificio de Elvira algo se habrá aprendido. Es hora de ponerlo en práctica. Pero ya.