Nacido en Dumbría, pero afincado en Muxía, sigue siendo una referencia para toda la zona, incluso para tratar animales
21 jul 2019 . Actualizado a las 05:00 h.El nombre de José Germán Montero Ozón le dirá poco a la mayoría, pero sí hablamos del Compoñedor de Caberta, es difícil encontrar alguien en toda la Costa da Morte que no haya pasado por sus manos o no haya ido a buscarlo a casa para tratar algún animal accidentado.
Nacido en Salgueiros (Dumbría), hace ya tres cuartos de siglo, aunque afincado en la citada aldea muxiana, su reconocida figura se ha vuelto a poner de actualidad estos días, a través de un vídeo suyo en plena faena compartido a través de las redes sociales. Aunque es poco dado a las entrevistas, Montero, como hace habitualmente con las personas que acuden en busca de su ayuda cuando dispone de tiempo y le prestan atención, explica como se instruyó en unas técnicas milenarias, que tienen que ver con la fisioterapia, la medicina y la veterinaria, aunque no son exactamente nada de eso. De hecho, afirma que lo suyo es la colocación, llevar articulaciones y tendones a su sitio para facilitar la curación. Cuando ve que el problema se escapa de eso, lo que recomienda es acudir a un especialista.
Ya su padre y su abuelo tenían un tacto especial para estas labores, que nadie en la familia ha continuado, muy a su pesar, con lo que más que probablemente muera con él. Ahora bien, también asegura que lo acompañó con muchas horas de estudio, sin recursos y gracias a los libros de anatomía que le prestaba el farmacéutico Madriñán.
«Con 12, 13, 14 anos os que non tiñamos traballabamos para os ricos. Eu tamén fun, pero en canto puiden e me sentín preparado deixeino. Custoume moito: domingos, festivos e noites, pero dende os 16 anos non volvín máis traballar ao xornal. Os meus compañeiros, que ían máis de festa, divertirse, seguiron e cando a eles lles pagaban 25 pesetas por día, eu gañaba 1.000 pesetas», relata Montero en la grabación en la que asegura: «Toda a vida fun feliz co meu traballo».
Dedicación no se le puede negar, porque, excepto una temporada que pasó en el hospital a consecuencia de un accidente de tráfico bastante grave, que estuvo cerca de costarle la vida e incluso hizo circular bulos sobre su fallecimiento, está disponible los 365 días del año. Eso sí, que nadie piense en una consulta al uso, porque lo habitual es encontrarlo en algunas múltiples tareas del campo a las que aún se dedica de forma tradicional: cuidar los animales, trabajar la tierra, plantar y podar árboles en el monte... Y es que los animales, los suyos y los ajenos, fueron y en parte siguen siendo, tanto o más importantes que las personas en las ocupaciones de Montero. Hay que ir a buscarlo a casa, pero se tiene desplazado a puntos de toda Galicia para tratar de recuperar, por ejemplo, a esa vaca que sufre una caída y ya no puede levantarse. Incluso tuvo que hacer frente en su día a alguna denuncia por intrusismo.
Aunque no hace tantos años, su labor, con más o menos acierto, la realizaban decenas de personas por toda la comunidad, actualmente son casos muy contados y casi todos de avanzada edad. Por supuesto hay otras técnicas y medios, pero se trata de un producto de la sabiduría popular que, en parte, va camino de perderse. El día que falte no quedará quien diga su clásico «relaxa, estate tranquilo», antes del inevitable tirón, o el «colles Calmatel, levantas así a venda coa punta da tesoira e bótasllo».