Cooperación o competencia


Las ideas en forma de palabras recalan en la mente y construyen nuestro edificio interior. Una vez que este cemento armado se ha endurecido es casi imposible modelarlo. Procesos de reindustrialización sin fecha de caducidad y financiados con fondos públicos se suceden día tras día y conviven con llamadas constantes al emprendimiento y la innovación como si del bálsamo de fierabrás se tratara. Extraños compañeros de cama fruto de visiones antagónicas. Como en Los Inmortales, solo podrá sobrevivir uno.

Maximizar la rentabilidad para el accionista se ha convertido en un dogma de fe para el desarrollo y el bienestar. Sin embargo, se trata de un enfoque cortoplacista. Un sistema enraizado en la cooperación y el acuerdo, abarcando el conjunto de la sociedad, puede ser una elección más provechosa. El caso germano, con su Mittelstand de pequeñas y medianas empresas, se aproxima a esta realidad. Esta perspectiva se basa en estructuras familiares, enfocadas en el largo plazo, con un capital humano de alto nivel, un elevado sentido de pertenencia a su comunidad y volcadas en el mercado internacional ¿Es asimilable nuestra realidad a esta? ¿Podemos replicar este modelo de éxito?

Todo aquello que adquiere una gran relevancia ejerce una fuerza creativa y otra destructiva. En nuestro ejemplo, una empresa que alcanza una dimensión sideral en comparación con su entorno como es Inditex, reordena los elementos a su alrededor y arrastra al ecosistema hacia una nueva frontera. Sin embargo, aunque sus claves del éxito sean un buen ejemplo y fuente de riqueza para la comunidad, tanto económica como cultural, no sería justo hacerla responsable de nuestro destino.

Nuestro refranero nos ha cincelado que nadie es profeta en su tierra. El camino al exilio de aquellos a los que se les negó la posibilidad de desarrollar sus aptitudes no es una opción en la actualidad. Muchos culpabilizan al pecado nacional de la envidia como causa de estos males. Aunque la tentación es mucha para nuestro innato dogmatismo, quizá sea necesario establecer un diálogo generoso, regar la libertad individual para que puedan crecer sus frutos y desterrar el martillo de herejes para promover un desarrollo doctrinario. Solo sobrevive quien se adapta. El mundo está cambiando demasiado rápido y no hay tiempo que perder. Y con Inditex como vecino será mucho más fácil.

Pablo Abeal es profesor de la UDC

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