Solo la mitad de los colegios e institutos de la Costa da Morte han conseguido alguno de los contratos-programa que ofrece Educación. Se trata de compromisos que el centro adquiere a cambio de dinero para mejorar la educación que se da a los alumnos. Algunas de las líneas de actuación tienen que ver con los más débiles, con los que tienen dificultad para seguir las clases por su entorno familiar o, simplemente, porque aprenden más despacio que el resto.
Esos versos sueltos, que hay en todas las escuelas e incluso en todas las aulas, precisan de poetas amorosos y entregados que los liguen a la estrofa o les den sentido o, en su defecto, de un sistema que los tenga en cuenta, valore y potencie sus diferencias, o, en caso contrario, los haga rimar con el resto.
Por eso cuesta entender que no haya más centros que recurran al PROA, un programa pensado para los que necesitan un empujón para ponerse al día, sobre todo porque eso incluye la contratación de un docente y no están los mundos como para evitar la creación de un solo puesto de trabajo. Los escolares que precisan ese apoyo van a clase fuera del horario lectivo y es seguro que con este plan han salido adelante estudiantes que, de otro modo, se hubieran quedado en la estacada, en el montón de los que abandonan el instituto en el momento que pueden hacerlo, en esos tan peligrosos 16 años. Los que dejan su educación a tan temprana edad es muy probable que antes fueran dejados por los que debían proveerles de esa educación, lo que incluye a padres, maestros y al propio conjunto de autoridades que idea planes de estudio, organiza y dota centros y plantea métodos para corregir las desviaciones de un sistema del que todos los años se andan descolgando centenares de alumnos.
Y si cuando hay la oportunidad de evitar los abandonos, los últimos de la clase o los que se aburren porque se saben de sobra las lecciones, los equipos docentes no se ponen las pilas para ofrecer lo mejor de sí mismos, todo seguirá igual. Seguiremos avergonzándonos por la supina ignorancia que nos transmiten por televisión los concursantes de Gran Hermano o de Mujeres, hombres y viceversa que, ojo, son solo un reflejo de nuestro sistema educativo. Teñirse de rubia o lucir musculatura no disminuyen la capacidad de pensar o el interés por adquirir conocimientos. Eso se mama en casa y en la escuela y ya que el hogar no se puede cambiar porque es de cada uno, es necesario cambiar el colegio y el instituto, que son de todos. Todos invertimos dinero para que el futuro sea mejor, aunque, de momento, vayamos en sentido contrario. Es probable que con algunos PROA más los concursantes televisivos y muchos otros no hicieran tanto el ridículo.