Vecinos, la ilusión ha muerto


Explicaba hace ahora dos semanas un ya veterano médico del Hospital Virxe da Xunqueira que, de un tiempo a esta parte, aquella ilusión que se respiraba entre la plantilla en los comienzos se ha esfumado al tiempo que ha ido cayendo la población y el péndulo de la asistencia sanitaria se inclina de manera acusada hacia lo geriátrico en detrimento, por ejemplo, de la pediatría o de la asistencia a jóvenes embarazadas.

La Costa da Morte envejece y muere y con ella corren riesgo cierto de perecer servicios que costó muchos esfuerzos conseguir, que ahora se dan por hechos y que igual no son tan seguros como se puede creer a nivel social.

La huida de los jóvenes por motivos formativos y, sobre todo, de pura necesidad laboral deja un ambiente del que puede servir de metáfora el carballo de Vilar de Francos, que se resiste a morir pero no para de perder ramas y derramar su savia centenaria. Basta darle un vistazo a las candidaturas que se han ido conociendo de cara a las municipales del año que viene para entender que el relevo no viene por ninguna parte. Es más que difícil, incluso tirando de osadía, ver a alguien, si se descuenta el caso singular de Muxía, que tenga opciones reales de ser alcalde sin haberlo sido ya antes o sin que lleve más intentos que Dani Pedrosa de ganar un mundial de Moto GP.

Y ocurre algo parecido, en menor medida, con colectivos sociales, culturales, deportivos... Cada vez que se produce la baja de algún directivo de esos que casi siempre se echa a la espalda la entidad entera, cuesta Dios y ayuda buscarle relevo. Todavía está reciente el ejemplo del Casino de Carballo, que ha acabado siendo un ejemplo más que positivo de movilización, pero después de que el pueblo entero le viese las orejas al lobo.

Ni siquiera los colectivos de pensionistas -y no será porque no tengan miembros potenciales- gozan del impulso y la representatividad de antaño. Pasado el conflicto de las pensiones del extranjero, que no está ni mucho menos resuelto, pero ha desaparecido de la agenda, no ha quedado prácticamente nada.

Quizás los únicos campos un poco al alza sean el del ambientalismo y las reivindicaciones feministas, llamadas a consolidarse como las verdaderas ideologías del siglo XXI frente a otras que recuerdan lo peor del pasado y sí que están florecientes.

Ya no se trata de que venga alguien con una varita mágica a darle solución a todo esto, porque son problemas muy profundos, completamente sistémicos, para los que nadie tiene el bálsamo de fierabrás, pero quizás ha llegado el momento de que se tome conciencia de que la situación es realmente grave y de que el tiempo para remediarla se agota.

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