El civismo está de moda en Senegal

Marta López CRÓNICA

CARBALLO

Bandera española en una ventana de Carballo
Bandera española en una ventana de Carballo Ana Garcia

¿Alguna vez han entrado a una sala de cine para el último pase de una película y han sentido cómo sus zapatos se pegaban al suelo? ¿O han tratado de no pisar restos de palomitas caídas por el suelo? ¿O han intentado encajar su bebida en el pequeño cubículo diseñado para ello, pero había en el interior de este el envoltorio de alguna chocolatina que no dejaba que el vaso encajase bien?. Seguro que sí, admítanlo.

Hace solo unos días los aficionados senegaleses nos daban a todos una buena palmadita en la cara mostrando el rostro más amable y humano del fútbol. Recién terminado el encuentro ante Polonia, los aficionados no se levantaron y se fueron del estadio sin más, sino que ayudaron a recoger los restos de basura que se habían acumulado a lo largo del partido. Recogieron banderas, papeles y restos de alimentos y los depositaron todos juntos en un lugar específico para que así fuese más fácil y rápida su limpieza, y dejar los asientos decentes para el siguiente encuentro. Todo un ejemplo de civismo con el que ya habían predicado los seguidores de Japón, apenas unas horas antes.

Todos los medios deportivos internacionales se hicieron eco de la buena acción de los senegaleses, y en Facebook el vídeo captado por las cámaras del campo corrió como la pólvora. Pero, ¿no debería verse como algo de sentido común? ¿O es que ser cívico es algo tan poco común que ya puede catalogarse como rareza?

Ejemplos de incivismo hay muchos. Los hay. Sin ir más lejos una edila larachesa pedirá en el próximo pleno que se retire un vertido de neumáticos que no solo daña el ambiente, sino que repercute en la imagen pública del Concello. También pedirá al gobierno local que eduque en la concienciación e inste a la ciudadanía a ser más responsables con sus desperdicios. Una propuesta muy válida, una buena iniciativa que se repite a menudo en otros municipios y localidades, pero que no debería ser, ni tan siquiera, necesaria.

No es una ecuación difícil: cuanto menos se ensucie, menos habrá que limpiar y menos recursos públicos se gastarán recogiendo nuestra porquería. Si muchos concellos ofrecen incluso recogidas a domicilio de residuos pesados, tales como plásticos, electrodomésticos o mobiliario, y además se han instalado puntos limpios bastante accesibles, ¿por qué demonios se sigue cojeando del mismo pie?

Hay todavía mucho camino por andar, mucha divulgación que impulsar y mucho ejemplo que tomar de aficiones como la de Senegal o Japón. Es, una vez más, sentido común. Aunque para muestra de incivismo -y de intolerancia- la de Irán, que canceló la retransmisión del encuentro ante España por la presencia de mujeres en el campo. Aunque eso ya es otro tema.