En la Costa da Morte resulta evidente en sanidad, educación, administración pública o transportes
01 mar 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Las comarcas de Bergantiños, Soneira y Fisterra junto con el Concello de Cerceda tienen, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), 111.479 habitantes. Son prácticamente 11.000 menos que hace 15 años y esa dramática pérdida poblacional, acrecentada por el envejecimiento y el repunte de la emigración con la crisis, no sale precisamente gratis. A menor población para trabajar: menos cotizaciones, menos ingresos, menos actividad económica y, con ello, un descenso de las oportunidades de empleo. Pero la cosa no queda ahí, porque es particularmente en el capítulo de los servicios públicos donde mejor se aprecian las consecuencias de este descenso demográfico, que carecen de políticas específicas para paliarlas.
Uno de los casos más palpables es el de Corcubión, cabecera de partido judicial, con una historia muy marcada por la vida administrativa que acoge y que hace ya muchos años que cayó por debajo del listón de los 2.000 habitantes. Para defender el Partido Judicial tuvieron que salir a la calle centenares de personas en el 2014 y para que Correos siga en la localidad, aunque con horario recortado, el alcalde se vio obligado a reunirse con cargos de la empresa pública. Sin embargo, la sangría no cesa, como se aprecia en la Tesorería de la Seguridad Social, donde apenas quedan media docena de trabajadores y ya no se reponen ni las bajas ni las jubilaciones. «Eu oficialmente non sei nada novo respecto a que poida pechar, pero o PP demóstranos día a día que as súas políticas son centralizar todo o centralizable», señala el alcalde, Manuel Insua, para quien los datos de «despoboación e envellecemento da xente, asustan». Da por hecho que la tónica de no reponer jubilaciones se va a mantener y advierte que no es un problema solo de Corcubión, «porque cónstame que Carballo está na mesma situación, e se está Carballo con 30.000 habitantes, figúrate nós», señala. Incluso tiene informaciones que apuntan a que la línea va a ser la de dejar un único funcionario de la Seguridad Social en los concellos y que «os servizos periféricos irán no camiño de eliminalos».
Es el más llamativo, pero solo uno de los ejemplos. Las madres de Dumbría, sin ir más lejos, tuvieron que realizar mil y una piruetas, con manifestaciones incluidas para no perder profesores en el único colegio del municipio. Y, pese a ello, como otros muchos tiene clases en las que se juntan niños de varias edades y la amenaza constante de seguir reduciendo porque los números no dan y los ratios que marca la consellería o directamente se incumplen ya o están en el límite de incumplirse, si no es en este curso, en el siguiente.
Lo de los autobuses merece un capítulo aparte, porque las carencias han llegado a tal punto que la población muchas veces ya ni siquiera los tienen en cuenta como medio de transporte para planificar sus viajes.
Incluso el buque insignia de los servicios públicos de la zona, el hospital Virxe da Xunqueira de Cee, nota los efectos. Aunque no se puede hablar de una pérdida de empleos generalizada e incluso algunos detalles, como la ampliación de la diálisis, son positivos; lo cierto es que varias tareas que se hacían en Cee están ya centralizadas en A Coruña y con ellas se fueron los profesionales que las realizaban. Y tampoco está mejor la atención primaria, como queda en evidencia cada vez que un pediatra se pone de baja, o se produce cualquier circunstancia estacional, como un incremento de los casos de gripe.
El descenso de vecinos hará que en Muxía y Cerceda se elijan dos concejales menos
La situación es verdaderamente alarmante en todo el país. Incluso el propio presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, ha hecho frente con otros mandatarios autonómicos para reclamar del Gobierno central que se tengan en cuenta el envejecimiento, la despoblación y la dispersión a la hora de repartir el dinero público. Sin embargo, el caso de la Costa da Morte es especialmente llamativo, porque se trata de las pocas comarcas costeras que pierde población a ritmos dramáticos, poco menos que a niveles del interior de Lugo y Ourense.
Estos descensos poblacionales se notan en todo, incluso en el campo de la representación política y, por supuesto, de la financiación que reciben los ayuntamientos. Por ejemplo, los vecinos de Muxía y Cerceda, como ya ocurrió antes en Zas, en Cabana o en Fisterra, elegirán en las próximas municipales a dos concejales menos. Cerceda tiene (datos del INE del 2017) 4.992 habitantes y Muxía 4.852, con lo que están ya por debajo de la línea roja de los 5.000 y no hay, ni mucho menos, expectativas de que puedan recuperar las cifras de aquí al año que viene.
La siguiente barrera significativa, a nivel de financiación y demás, es ya la de los 3.000 y ahí sí que no hay ningún municipio de la Costa da Morte que actualmente esté en riesgo de alcanzarla. Solo Corcubión tiene menos de esos habitantes, pero, a los ritmos que crece el problema, sino se da con la tecla para cortar la sangría, algo que por el momento nadie ha conseguido más allá de ejemplos puntuales, no hará falta que pasen generaciones para ver algún municipio más en este peldaño del escalafón.
«É incrible a de patadas que somos quen de aguantar»
María Jesús Freire, a sus 65 años, mantiene una guerra con la Xunta, a cuenta del recorte del servicio de autobuses de Camariñas. «Estamos igual ou peor porque agora o da tarde que viña de Cee xa non o temos. A Xunta contéstalle á Valedora que temos un servizo marabilloso. Contrasto esa información coas compañías e coas estacións e resulta que é todo mentira, non se cumpre nada. A verdade é que os galegos somosche ben coitadiños. É incrible a cantidade de patadas no cu que somos quen de aguantar», se queja la mujer, ahora jubilada, que tiene a sus hijos viviendo en Londres. «Dinme: ‘nunca ides conseguir nada porque vós todo o arranxades collendo a maleta en vez de pelexar polos vosos dereitos’ e teñen razón», señala.
Freire incluso señala casos concretos. «Xa non se trata de ter ou non ter coche, senón que un pobo non pode estar sen un servizo básico, máis un pobo como Camariñas. Os turistas preguntan como ir a Santiago. Non hai. Unha señora que é de Bilbao e comprou aquí un apartamento, díxome que o quere vender porque Galicia vai moi mal, non ten nada que ver co que era hai 10 anos», relata la mujer, para evidenciar los efectos que tiene la pérdida de un servicio como el transporte público. Una merma que no están dispuestos a tolerar, por lo que ya prevén la necesidad de manifestar en Santiago. «E vai ir medio pobo de Camariñas», sentencia.