«Polas miñas mans pasou moito barro»

Melissa Rodríguez, S. G. CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO

ana garcía

Tras más de 70 años alimentando el Forno do Forte, asegura que es hora de retirarse. Este fue su último año (eso dice) en la cocedura tradicional de la Mostra de Buño

17 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Manuela Sánchez Sanmartín, más conocida como Manuela de Mariñán (en referencia a su padre), es de las pocas mujeres que quedan en Buño y, probablemente, en toda Galicia, que sabe cocer barro como lo hacían en el siglo pasado: al más puro estilo tradicional en un horno exterior con ladrillos y toxo. Tiene 81 años y lleva desde los 7 trabajando con esta materia prima.

Su vivienda, situada a escasos metros del Ecomuseo Forno do Forte, fue siempre una casa de alfarería. Mientras sus tres hermanos fabricaban piezas de barro, ella, su hermana y su madre eran las encargadas de «pisar o barro, peneiralo e carrexalo do barreiro», explica. Cuando más tarde sus hermanos se casaron y se fueron de la casa, su otra hermana y ella cambiaron de tarea: «Empezamos a traballar nos fornos da zona carrexando as pezas e axudando a cocer», cuenta Manuela. Fue este último trabajo, junto con las labores de la casa y del campo, el que la acompañó toda la vida hasta el día de hoy.

Manuela es colaboradora habitual en la cocedura tradicional que se realiza, cada año, en el Forno do Forte, durante la celebración de la Mostra, recién clausurada. Sin ella, no sería posible llevarla a cabo, pues es pieza clave en el proceso. Su labor principal consiste en «facer os fumes», dice, lo que equivale a prender el fuego y a controlarlo. Para ello, «o toxo é fundamental», explica. Esta tarea le lleva una hora y pico, pero también realiza otras importantes: acarrea las creaciones de barro para el interior del horno y las sitúa cuidadosamente para que no se rompan, coloca ladrillos cerrando la entrada, y elabora la lama que luego distribuye por las juntas para que no se escape el calor. Este conjunto de faenas, que para nada resultan fáciles ni rápidas, las aprendió ella sola: «Non tiven a sorte de que me ensinaran, pero eu vía como facían os outros e xa aprendía», dice Manuela. Ahora explica: «Xa son moi maior e tócame retirarme de traballar».

Ya no iba a participar

En esta última edición de la Mostra, en principio no iba a participar en la cocedura, pero al final la convencieron. De todos modos, ya anticipó que era momento de dejarlo, por lo que una joven de Santiago acudió el pasado sábado 6 al Forno do Forte para aprender su oficio. «Haille que ir ensinando con paciencia. O traballo difícil non é se hai idea e ganas», dice la maestra.

Manuela compara el presente con el pasado y cree que no hay color: «Agora cocer leva pouco tempo porque non se bota tanto barro, pero antes eran cinco mil pezas ou máis as que se cocían». Recuerda que durante el invierno, si llovía, no se hacía cocedura, pero, si no, lo habitual era hacerla cada dos meses. Ella, como trabajaba en todos los hornos de la zona -había sobre seis o siete, calcula- ejercía el oficio de forma continuada, pero uno de ellos era su favorito: «O que está ao lado da miña casa [Forno do Forte] sempre foi o que máis me gustou, porque era o que máis cocía; levaba moito máis barro que os outros».

A pesar de estar siempre envuelta con esta masa, Manuela nunca se animó a modelar. Resulta curioso, pero era algo que no le gustaba: «Eu non quería ir para o torno. O que sí me gustaba era decorar as macetas con flores», cuenta. Por aquellos años, el oficio de alfarero correspondía a los hombres y las tareas más duras a las mujeres, recuerda la fumeira.

Volviendo al presente, esta vecina de Buño asegura que en la cocedura que se realiza durante la Mostra se siguen los pasos exactos de hace decenios: «O único que varía é que non se lle bota o baño de brillo ao barro, porque despois píntanos», cuenta. Antes, tal y como salían del horno era como quedaban. Manuela califica las piezas que se hacían aquellos años como «barro de batalla», las que se elaboran ahora como «figuras máis traballadas», lo que explica que en la actualidad se echen menos piezas al horno porque son más delicadas.

Desde que fue inaugurado el Ecomuseo Forno do Forte, son muchos los turistas que lo visitan y que paran en la casa de Manuela para preguntarle cómo se cuece al estilo tradicional, a lo que ella responde: «Eu explícollo encantada porque hai que ser agradecida». Con ya tanto barro que ha pasado por sus manos, confiesa: «Agora non me dedico a cocer barro porque xa non se fai, se non, mentres poidese, iría».

Esta veterana, jubilada como está, quiere trabajar y estar en movimiento, así que colabora con Cáritas y ayuda a limpiar la iglesia y el cementerio de Buño. Incluso hasta hace unos años acudía a todos los partidos de fútbol campo del Buño, el de Xaviña: «Xogaran na casa ou fóra eu ía e animábaos moito dende as gradas», cuenta entre risas.