La fiesta pudo más que los conflictos

Juan Ventura Lado Alvela
J. v. Lado CEE / LA VOZ

CARBALLO

Los temores por el espacio quedaron disipados gracias a las cesiones vecinales

27 jul 2016 . Actualizado a las 12:48 h.

No las tenían todas consigo en Muíño porque, casi a última hora, se enteraron de que la finca de toda la vida, donde se lleva celebrando Santa Margarida desde tiempos ancestrales, este año no se la dejaban. Sin embargo, reaccionaron a tiempo, el Concello les envió dos excavadores y la fiesta salió adelante como todos los años, incluso con un resultado bastante más positivo que en ocasiones anteriores, solo empañado por el viento del norte. Por momentos hacía algo incómoda la estancia con las mesas, toldos y todos los enseres propios de una de las romerías campestres más emblemáticas de la Costa da Morte que lleva celebrándose cada 26 de julio desde 1670.

José María Blanco Calo, una de las cabezas visibles de la comisión, explica lo ocurrido y como lo resolvieron: el campo de la fiesta «é todo unha propiedade», perteneciente a tres hermanos, que, con abogados de por medio y en base a un antiguo documento que indicaba como debía hacerse la partición, se metieron en un conflicto de herencias, moneda común en el rural de la zona. Sin embargo, el jueves parece que llegaron a un acuerdo y firmaron el reparto de bienes, con lo que dos de los herederos, a los que les ha tocado la parte de arriba del campo ya le han dicho a la comisión que no tienen problema para cederlo.

Entre tanto, con la premura de la fecha de celebración encima, los organizadores recurrieron a otros vecinos, que les permitieron usar su propiedad. «O que pasa é que finca estaba sen arranxar nada e tivemos que falar co alcalde, que nos mandou dúas escavadoras. Preparouse e ao final saíunos unha romaría ben bonita, sen problema ningún», detalla Blanco Calo.

Un resultado que corroboran los asistentes consultados, como el teniente de alcalde de la localidad, Óscar Lema, que ayer por la tarde disfrutaba con su grupo de la celebración y percibía la presencia de «moita xente», quizás incluso más que en otras ediciones.

Así, aunque con el factor de ser día laborable en contra, la tradición mandó y los romeros cumplieron con todos los actos de rigor, tanto los religiosos como los más mundanos, con mesas repletas de comida y bebida, acompañada de mucha música. Para la sesión vermú tuvieron a la orquesta Abanico, que causó una buena sensación entre el respetable, y ya para la noche les esperaba la actuación fuerte del día, la de la orquesta Olympus que tantos seguidores arrastra.