A fuerza de actuar, la palabra APLU ha comenzado a hacerse familiar en la Costa da Morte. La Axencia de Protección da Legalidade Urbanística, desconocida hace años en general, salvo por los particulares afectados, es ahora el ojo que vigila las construcciones que se levantan sin licencia o en suelos en los que no se puede llevar a cabo la obra, ya sea tras denuncia pública o particular, ya mediante las comprobaciones de la propia agencia, que depende directamente de la recién reformada Consellería de Medio Ambiente e Ordenación do Territorio. Cada vez más en este último caso: Carballo, Cabana y Ponteceso ya estaban adheridos, y por tanto cediendo sus competencias en materia de inspección urbanística, y este año se unió Cerceda. Evitan así los quebraderos de cabeza que siempre tratan de soslayar los políticos de cualquier color, por mucha infracción que vean: no es de buen trago abrirle expediente a un vecino, aunque lo merezca.
Tan familiar se fue haciendo la APLU que el año pasado, gracias a sus actuaciones se derribaron 15 construcciones, todas a manos de los propietarios. Fue la comarca gallega con más actividad en este sentido, y en alguna época del año suponía el 20 % de Galicia. Hay que tener en cuenta que los que derriban motu propio no suelen hacerlo por amor al paisaje, sino para evitar las cuantiosas multas coercitivas que caen si no se hace, además de evitar los procedimientos judiciales, otro calvario económico y también de tiempo.
Así que, tras los quince casos del 2014, se presumía que este 2015 traería cifras similares. Y no. Salvo que dé a conocer en los próximos días alguna nueva remesa, realizada en las últimas semanas, este año se cerrará con solo cinco derribos, repartido además en dos municipios, Ponteceso y Carballo. En todos los casos, obras pequeñas: fines de semana, galpones, anexos a viviendas. Nada que ver, por ejemplo, con los chalés inacabados, pero de tamaño relevante, que cayeron bajo la piqueta en Mar de Fóra (Fisterra) el año pasado. ¿Quiere esto decir que se ha relajado la inspección? No necesariamente. Basta echar un vistazo al DOG para comprobar las habituales y numerosas comunicaciones a los propietarios a los que no se puede localizar de manera ordinaria. O a las sentencias del TSXG, que desde luego no han ido a menos y en ocasiones se eternizan. Así que tal vez en próximas fechas llegue otra tanda de disgustos.
También puede que influya otro factor: que cada vez se cometen menos irregularidades. Desde luego, las cautelas ahora son mayores, sabiendo la que le puede venir a uno encima. La información también es mejor. Y seguramente también la conciencia.