Lo sucedido con la promoción Costa Nariga de Carballo debería hacer reflexionar a los gestores públicos, demasiado acostumbrados a dejarse ir por las mareas sociales con tal de llevar su barco de poder a puerto sin enfrentarse a grandes temporales. La macrourbanización carballesa se queda en fiasco, en edificios ruinosos sin terminar o deteriorados por el vandalismo y los cacos. El Ayuntamiento ha tenido que solicitar autorización al juzgado para tapiar los inmuebles para evitar accidentes o sucesos indeseables. Este proyecto es un ejemplo de las magnas fantasías vividas con el bum del ladrillo y que, como ha sucedido en otras épocas, dejan para el futuro edificaciones sin terminar afeando los pueblos y causando problemas a los ayuntamientos. Esto lleva a la conclusión de que es necesario actuar de otra manera. La promoción urbanística no puede ser una mera aventura. Las Administraciones deben asegurarse de que los proyectos son viables, desde la financiación hasta la demanda. Los propios promotores tendrían que ser los primeros interesados. Evitarían arruinarse.