Comen pero no dejan comer

CARBALLO

El cura de Carballo no quiere poner una central nuclear en el San Martiño. Como tantas veces la parroquia carballesa cubre un servicio básico en el que la Administración ni está ni se la espera. El centro de acogida es una necesidad para mujeres a la que la vida solo les ha dado palos y las más de las veces de manera literal. Que lo impidan las trabas burocráticas parece algo así como un chiste de mal gusto de un Estado canceroso en el que la metástasis corre a toda velocidad a bordo vehículo oficial.

Aún sin justificar quebrantamiento alguno, porque las normas están para cumplirlas, y dejando de lado la innecesaria vanagloria de la Iglesia Católica, que suficiente tiene con lo suyo; este tipo de situaciones invitan a replantearse por completo el sistema de convivencia que nos hemos otorgado.

En Cee, unas 40 familias no sabrían lo que significa comer caliente a diario de no ser por el trabajo infatigable de Cáritas. En prácticamente todos los municipios de la zona son los vecinos los que reúnen su dinero para luchar contra el cáncer. Los ríos y las playas no se limpian si no lo hacen cuatro voluntarios bienintencionados. Y la justicia social la reclaman en la calle media docena de abuelos retornados de Suiza.

Entre tanto, los representantes públicos se devanan los sesos para dilucidar si es más censurable quedarse el jarrón de diseño o clavarse una mariscada.

Vale que no lo hagan, a estas alturas está asumido que poco o nada se puede esperar, pero estorben lo menos posible a quien todavía pelea por algo.