A Pedra d?abalar, Celt y mi abuelo

antón castro

CARBALLO

Antón Castro, en la zona de los acantilados de A Barca, un mirador desde el que él y su abuelo veían pasar petroleros y trasatlánticos.
Antón Castro, en la zona de los acantilados de A Barca, un mirador desde el que él y su abuelo veían pasar petroleros y trasatlánticos. ana garcía

El muxián recuerda una anécdota ocurrida en 1960, siendo él niño

06 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Recuerdo cuando mi abuelo me llevó a pasear a los acantilados de A Barca. Desde aquel privilegiado mirador veíamos pasar fascinados los petroleros y trasatlánticos que se perdían entre las irisaciones de las puestas del sol, con rumbo a una América que imaginábamos más allá del horizonte. Detrás de aquella línea se perdían nuestros sueños, pero mi abuelo, que solo poseía la visión de un ojo -el otro lo había perdido en Cuba, lo que nunca le impidió ser un gran lector-, percibía, en las vibraciones del océano, historias que me contaba desde la imaginación de sus lecturas. Era 1960 y el Madrid -recuerdo- había ganado la quinta copa de Europa. Yo acababa de iniciar la escuela primaria y, como todos los niños, siempre había oído hablar de aquella piedra especial que fijaba la atención de mi pueblo: a Pedra d´abalar. A ella acudían miles de personas con la única intención de moverla. ¿Moverla para qué?

Los niños especulábamos en torno a aquel misterio pero nunca teníamos respuestas convincentes, así que llegamos a creer que mover la Pedra d´abalar y sus 70.000 kilos era una obligación para los cristianos de todo el mundo. Eso creíamos, dado que nadie se marchaba del pueblo sin moverla, o al menos, sin intentarlo.

Mi abuelo y yo nos sentamos encima de la gran losa, sacó del bolsillo un pequeño cuaderno -que aún conservo- y comenzó a leer: «Hace miles de años, los hijos de Tubal dejaron su huella encima de la Piedra d´abalar? Sus hijos se repartieron la Península Ibérica y a uno de ellos, Brigo, le tocaron estas tierras del Noroeste. La familia de Brigo se reprodujo con rapidez y entre sus descendientes el más importante fue Gall, que conoció a Celt. De ambos surgiría una de las razas más numerosas de la tierra, la raza céltica. El hijo de ambos, Céltigo, fue el más grande progenitor entre los célticos galaicos? Celt murió siendo ya muy vieja y para enterrarla decidieron poner encima una gran losa, la Pedra d´abalar? Desde entonces peregrinan aquí gentes de todo el mundo?». Se subió a la parte alta y con el movimiento de su pie derecho hizo mover la Piedra. De pronto alguien comenzó a gritar debajo y me asusté, porque en aquellos momentos estábamos solos él y yo. Creí que eran los lamentos de la vieja Celt, pero él me juraba que no oía nada. Dejé de percibir los lamentos cuando la piedra dejó de abalar. Mi abuelo me dijo que él los había escuchado una sola vez: cuando era niño, una tarde de verano de 1910 y gobernaba España el Partido Liberal de Canalejas, pero que no los volvería oír el resto de su vida. Nunca he tenido una respuesta a estos lamentos de una tarde de agosto de 1960.