Es un tema complejo y que se presta mucho a la demagogia porque a una madre que tiene a su hijo debatiéndose entre la vida y la muerte en el mar le importan poco los balances económicos y los costes. Lo que quiere es que lo salven. Además, en todos sitios cuecen habas, como pudieron comprobar los tripulantes del Luno, uno de ellos de Camariñas, en las costas de una gran potencia mundial como es Francia.
No se puede decir que Salvamento Marítimo haya invertido precisamente poco dinero en la Costa da Morte porque el Agusta Westland de Lires costó unos 13 millones de euros y la propia base rondó los 1,4 a mayores. A eso hay que sumar, que el Don Inda, buque insignia de Sasemar, licitado junto a su gemelo por 68,5 millones, tiene base en el puerto de Brens.
Suministros, tripulaciones y todo lo que tiene que ver con su funcionamiento incrementan esa factura anual que, desde el estricto cálculo económico, no resulta para nada barata.
Sin embargo, el desembolso realizado no ha servido para aplacar las críticas al funcionamiento del sistema y tampoco para garantizar unas condiciones de protección ideal. A la base de Ruibo los propios profesionales la conocen como el «agujero negro», lo que habla especialmente bien de sus condiciones para vuelos, que además se presuponen de emergencias. Lejos de estar cerca del hospital o del muelle, junto al Don Inda, se ubica en la otra esquina del Concello comunicada por una carretera más que secundaria.
Además, por unos motivos o por otros, los helicópteros, como ha quedado demostrado en más de una ocasión, no están siempre que se les necesita. Las prometidas guardias presenciales se quedaron muchas veces en localizables y ahora ni eso porque la aeronave se ha vuelto a ir a Santiago.
Al final, parece demostrado que si falla la gestión no hay dinero que llegue.