El milagro de comer a diario

La entidad social alimenta a unas 40 familias todas las semanas

Manuel Soto muestra los almacenes de alimentos de Capacee.
Manuel Soto muestra los almacenes de alimentos de Capacee.

CEE / LA VOZ

Sobre la mesa de la entrada las etiquetas ya plastificadas -por desgracia su uso se prolonga más de lo deseado- indican quién viene a recoger la comida y cuántos son en casa. Como es viernes la dotación se amplía más de lo habitual. «Na fin de semana non hai colexio e tamén están os nenos» explica Manuel Soto, uno de los pilares sobre los que descansa la obra social de Capacee, que sube y baja escaleras con agilidad juvenil para mostrar, orgulloso incluso, los cientos de kilos de pasta, arroz, leche, congelados, zumos,... y pequeños lujos que, «cando os hai», también se reparten. En esta ocasión son unas cuantas docenas de botellas de Coca-Cola sin cafeína.

Al fondo de la planta baja, de lo que fue una marisquería -curiosa paradoja- y que «Emiliana do Galo» legó a la Iglesia antes de que el Arzobispado la cediese por 10 años para el comedor social, están de turno Sabina, que ejerce como jefa de los fogones y saca una fabada humeante que apetece hasta justo después de desayunar; Victoria, que friega con esmero los hornillos, y Alberto, quien compara sus utensilios con los del cuartel. «Isto é coma na mili», asegura, mientras señala una olla del tamaño de una bañera infantil.

Su premio por guisar, limpiar y organizar desde las nueve de la mañana hasta el mediodía «é un café, non lle damos máis» -señala Manuel con una sonrisa- y la satisfacción de «facer algo que é bo para outra xente», como dice Sabina, que ya ha freído los filetes empanados.

Tanto su grupo como el de Joaquín, Inma, Junquera y Margot, así como el resto de colaboradores que están en la órbita de Cáritas y participan de esta iniciativa, se encuentran todas las semanas con la previsión de lo que van a cocinar. Pero los planes cambian a menudo. El grueso de los productos vienen de los bancos de alimentos de Santiago y A Coruña, a donde van unas dos veces por semana con una furgoneta que les regaló Ferroatlántica, pero hay otras muchas fuentes y todas bienvenidas. La Tahona de As Travesas pone el pan, Ancares deja caer algo de pastelería, los supermercados también aportan y una señora de Cartel trajo cinco docenas de huevos. «Adaptámonos porque, ás veces, temos peixe dos campeonatos de pesca e hai que darlle saída, como a todas estas mandarinas», explica Manuel delante de tres torres de cajas.

Fuera, aunque faltan 10 minutos y reparto es de 12.00 a 12.15, ya se forma una fila con bolsas y carritos. Todo mujeres. A nadie le apetece mucho hablar porque la situación no es plato de buen gusto, pero coinciden en el agradecimiento. «Non sei que dirán os demais, pero para min a comida é moi boa e poñen abundante. Non nos podemos queixar», apunta una de las usuarias habituales que sostiene un viejo carrito.

Como la suya son 37-39 familias a diario y 43 los viernes las que comen gracias a Capacee «e haberá seguro moitas máis que o necesiten», recuerda Sabina desde la cocina, aunque no acuden a pedir ayuda «porque lles dá vergoña».

capacee solidaridad en el plato

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