La historia de Fernando Zendrera Zariquiey, que aunque su forma física diga lo contrario ya ha pasado la barrera de los cincuenta, es la de un aventurero en estado puro, una persona que aún bien no acaba un reto para meterse en otro.
A mediados de julio, después de una breve estancia en la Costa da Morte, se puso en camino, desde el pie del Faro de Fisterra, hasta nada menos que el Cabo de Creus, el punto más oriental de la península ibérica, en la provincia de Tarragona. Como compañero de viaje llevaba un curioso vehículo, un patinete de ruedas altas, similares a las de una bicicleta, que él está tratando de introducir en España, en vista del éxito que tiene en otros puntos de Europa.
La ruta fue dura «muy dura», como asegura ya relajado desde Barcelona, donde reside y donde está instalando precisamente una tienda de estos vehículos, pero lo consiguió. A un ritmo aproximado de 150 kilómetros diarios, con algunos parones imprevistos por lesiones de las que pudo recuperarse, cubrió los 1.500 kilómetros que separan las dos puntas del mapa y la experiencia no pudo ser más satisfactoria, porque además despertó el interés de varios medios de comunicación, que en parte era lo que quería para promocionar sus productos y un estilo de vida sano e inconformista.
Ahora, tal como cuenta, se va a tomar unos meses de merecido descanso, en lo que a rutas se refiere, porque le tocará seguir trabajando, pero ya anda con una nueva aventura en mente. «Ya que Fisterra es el punto más al Oeste, esta vez saldré desde Tarifa, que es el que se encuentra más al sur», señala Fernando que tiene por objetivo enlazar todos los extremos de la Península. Como él mismo dice «será a principios del 2014», porque antes quiere dejar en funcionamiento la tienda de Barcelona.
La duda de si lo conseguirá o no parece que está de más, cuando se habla de un hombre que, con solo 13 años y debido a un cabreo adolescente, cubrió en 12 horas y en bicicleta los 175 kilómetros que separan Cadaqués, donde vivía, de Barcelona.
La París-Brest-París, una carrera de 1.200 kilómetros que realizó en 89 horas en el año 2011 y otras rutas de gran distancia, primero en bicicleta y ahora en su singular patinete, acreditan que está capacitado y tiene la fortaleza mental, para abordar lo que le pongan por delante.
Durante su paso por la Costa da Morte, quedó sorprendido por la «vegetación» y el «ambiente peregrino de Fisterra» y, pese a las buenas sensaciones que se llevó de la comarca, por el momento no tiene previsto regresar, aunque cualquiera lo sabe. Vista su energía y las ganas que le pone a la consecución de cada reto, cualquier día lo podrá volver a impulsándose con fuerza sobre la mínima plataforma de su singular vehículo.