Un Concello desahuciado un día sí y otro no

La Voz

CARBALLO

El desahucio ha pasado de ser un extraño desconocido para el común de los ciudadanos a convertirse en uno los jinetes del Apocalipsis social de la era del derrumbe financiero. Miles de familias se ven acosadas por el rigor de una Ley Hipotecaria sin alma, que también puede dejar a algún concello a dos velas dependiendo del día. Es el caso del campo de fútbol de Laxe, del que el Ayuntamiento fue lanzado por una comisión judicial, como si las autoridades locales se vieran rolando por las escaleras abajo tras ser expulsados de una vivienda tal inquilino acreedor cualquiera. Al llegar golpeados al descansillo, seguramente el regidor y su equipo viesen muy claro lo que significa incumplir un convenio que ya desde el principio no tenía muy buenas pintas. Pero lo que hace dos semanas era negro ahora es blanco. Aquel día, la comisión judicial dejó pálidas a las autoridades municipales. Este viernes una providencia del juez de Ferrol les devolvió los colores a la cara y las llaves del estadio. De todos modos, el desahucio era una espada de Damocles que pendía desde hace tiempo sobre la cabeza de los mandatarios del consistorio, o más directamente sobre la del equipo de balompié de la localidad, que tras el nuevo giro que tomó el asunto ya no tendrá que andar errante por los campos de la Costa da Morte para entrenar y disputar sus partidos.

De todos modos, el verdadero lío no acaba más que comenzar, a menos que se cumplan las condiciones de un convenio que se ha convertido en imposible. Para llegar a esta situación tuvo que haber muchos errores de políticos, técnicos y jurídicos. El fallo no fue de uno solo, pero entre todos consiguieron llegar a la situación actual. Con el añadido de una inversión de la Diputación en un terreno muy disputado y nada claro. El Concello pagó el gusto y las ganas por el campo de fútbol. Suscribió un convenio en los momentos dulces de la burbuja inmobiliaria, cuando todo era de color de rosa y el dinero del ICIO llegaba a las arcas municipales como el agua a la rueda de un molino en un mes de lluvias. El pacto para construir hasta un 0,40 m2/m2 en las inmediaciones de la playa era, además de una barbaridad, una mera ilusión casi imposible de cumplir, sobre todo desde que la Xunta ordenó poner freno a la fiebre edificatoria. Se vendió la piel del oso antes de cazarlo y ahora va a ser muy difícil conseguirla. Y las consecuencias vinieron en forma de lanzamiento, aliviado por una providencia judicial que da un respiro temporal al Concello. ¿Por cuánto tiempo?

Locales de ocio de Cee. Llegó el día. Casi dos décadas de quejas y nunca sucedió nada. Los gobiernos hicieron oídos sordos a las protestas por las molestias de los locales de ocio de Cee. Con el tiempo, la gente aprendió a denunciar y los mandatarios se vieron obligados a echarles el cierre. Si durante los últimos años todos hubiesen obrado de acuerdo con las normas no se llegaría a esta situación. Ahora vienen las lamentaciones. Nada nuevo.