Despilfarro

Luis Lamela

CARBALLO

Esta crisis que nos castiga a la mayoría de los ciudadanos puso al descubierto excesos cometidos por políticos de todos los colores del arcoíris partidario, abusos que ayudaron a provocar, junto con el ladrillo y otras estrategias especuladoras, codicias, locuras y descontrol, las penurias a las que hoy estamos sometidos.

Y nuestra Costa da Morte no se escapó de esta moda. Existen muchos ejemplos que documentan el despilfarro y la inutilidad de inversiones acometidas, totalmente improductivas, deteriorándose en la actualidad sin que se obtenga utilidad alguna. Dos de las numerosas existentes, frente por frente, son el puerto náutico-deportivo de Muxía y el complejo turístico y medioambiental Aldea Madeira, situado en la zona de Brañas Verdes (Xaviña-Camariñas), antiguas tierras en las que durante la II Guerra Europea se explotó el famoso mineral wolframio.

El puerto náutico-deportivo muxián, con un coste de dos millones de euros y 232 amarres, es uno de los mejores de Galicia por instalaciones y capacidad, una infraestructura que sigue sin adjudicar para su explotación luego de tres años finalizada. Después de varios fracasos en la convocatoria, ahora Portos estudia sacar a concurso dos de los cinco pantalanes ante la falta de empresas interesadas dispuestas a hacerse cargo de la gestión. Quieren hacerlo más atractivo a los posibles interesados en asumir esta labor, indicativo del exceso construido y con una rentabilidad en entredicho. A lo grande para atracar chalanas...

Lo mismo sucede con Aldea Madeira, finalizada hace más de tres años, que sigue cerrada y sin utilizarse ni explotarse. Es cierto que durante su construcción funcionaron escuelas taller y obradoiros de empleo que ayudaron a formar y cobrar salarios, lo que representó un importante beneficio social, económico y formativo, lo que igualmente podría ofrecerse con otras obras más útiles, funcionales y necesarias. La última actividad formativa en hostelería finalizó en marzo del 2009 y después de esa fecha, nada de nada. Una ingente inversión para unas edificaciones que se desmoronan poco a poco, sin que de una vez por todas se busque rentabilidad alguna.

Esto son dos ejemplos de fracasos de los gestores políticos que las aprobaron, inútiles, excesivas y no rentables ni social ni económicamente, que hemos pagado entre todos nosotros. Gestores que, en lugar de traernos esperanza administran ahora miseria, después de haberse aprovechado de nuestros dineros para obtener réditos electorales inmediatos. Y, ahora, por la fragilidad de sus códigos éticos y morales nadie pide perdón por ser tan manirrotos con los dineros ajenos, nadie asume culpas por haber ayudado a provocar esta crisis de las instituciones, de valores y de la sociedad en general, huyendo hacia adelante, aferrándose como lapas al sofá del poder...

Corrupciones y despilfarros. Despilfarros y corrupciones. Así nos va.