Cante flamenco con raíces carballesas

Matilde Jiménez Blas, «La Galleguita», ahora retirada en Barcelona, triunfó en los escenarios de toda España presumiendo de haber nacido en la capital de Bergantiños

Matilde, rodeada de gaiteiros, en una de las pocas actuaciones que ofreció en Galicia. A la derecha, imagen actual de La Galleguita
Matilde, rodeada de gaiteiros, en una de las pocas actuaciones que ofreció en Galicia. A la derecha, imagen actual de La Galleguita

Era apenas una niña de «once o doce años» cuando, a principios de los años sesenta, sorprendió a todo el mundo, incluidos sus padres, interpretando un tema flamenco en aquel mítico concurso Desfile de Estrellas, de Radio Nacional. «Empecé cantando en la iglesia, siendo muy pequeñita, pero lo hacía tan alto y tan bien que los demás se callaban y me dejaban sola, lo que me daba mucha vergüenza. El cura me animó a participar en un festival que se celebraba en el teatro Rosalía de Castro de A Coruña y después surgió lo de Radio Nacional, que fue apoteósico, porque nadie podía creerse que una niña tan chiquita cantase flamenco con tanto sentimiento», cuanta Matilde Jiménez Blas, La Galleguita. Desde mediados de los sesenta y hasta finales de los noventa, esta vitalista mujer hoy retirada de los escenarios, estuvo considerada como una de las cantaoras con más arte y compartió escenario con los más grandes, Antonio Molina, Pepe Marchena, Juanito Valderrama, Rocío Jurado, Perlita de Huelva...

«La gallega sublime» o «la voz que acaricia el cante», decían los críticos de La Galleguita, una artista que también triunfó en Europa y que siempre presumió de haber nacido en Carballo, un lugar al que hasta hace un par de años regresaba todos los veranos. «No tengo familia allí, pero siempre me ha gustado volver al sitio en el que nací y, además, el Balneario es un lugar maravilloso», dice Matilde desde Cataluña, donde debutó y donde reside desde los doce años.

«Me retiré hace doce años con la pena de no haber actuado nunca en Carballo»

De hecho, cuenta, aunque solo vivió en Carballo hasta los ocho meses -a esa edad sus padres se mudaron a A Coruña y cuando tenía doce se fueron para Barcelona de forma definitiva-, siempre sintió un vínculo especial con la capital de Bergantiños. «Mis padres eran castellanos, pero cuando la Guerra Civil se fueron a Galicia y por medio de unos amigos que habían conocido en Madrid llegaron a Carballo, donde nací yo, en la zona del campo de la feria, muy cerca de la Milagrosa», explica La Galleguita, que con 16 años, «el 2 de julio de 1962», debutó en el teatro Victoria de Barcelona. «Dejé Galicia siendo muy niña, pero siempre me he sentido gallega por los cuatro costados y mis lazos con la tierra en la que nací, donde todavía vive una de mis hermanas, son muy fuertes», asegura la artista, que en Cataluña fue (y sigue siendo) un auténtico ídolo. También triunfó en Europa, donde actuaba, especialmente, para los emigrantes. «La Casa de España en Londres, por ejemplo, tenía que haberse llamado la Casa de Galicia», dice Jiménez Blas entre risas.

La cantante se sintió siempre tan ligada a su tierra natal que hoy en día sigue presumiendo de su galleguidad. «Es curioso, porque he vivido toda la vida en Cataluña, pero también me he sentido gallega y andaluza», dice.

La familia Jiménez Blas se mudó a Barcelona cuando Matilde tenía doce años y allí fue donde se introdujo de lleno en el flamenco. «Las cosas estaban tan mal en Galicia que mis padres decidieron emigrar a Barcelona, donde ya estaba un hermano mío. Él acudía a menudo a una peña flamenca, que en Cataluña eran muy abundantes, y allí me invitaron a cantar. Me vio un representante y me ofreció hacer una prueba y así comenzó mi carrera», recuerda Matilde, que se retiró de los escenarios hace doce años. Feliz por una carrera llena de éxitos, pero con una espinita clavada en el corazón: «Siempre me ha dado mucha pena no haber apenas actuado en Galicia y no haberlo hecho nunca ni en A Coruña ni en Carballo. Me invitaron hace diez años a un festival que se celebraba en un teatro coruñés y me puse tan nerviosa porque me hacía tan feliz que cuando iba a salir al escenario me quedé sin voz. Creo que ha sido la mayor emoción que sentí jamás», asegura Matilde, cuyos éxitos, como Ay, mi perro o Niña de las monjas (en total grabó 25 discos) pueden disfrutarse hoy a través de Youtube y de su página oficial de Facebook. «Ahora estoy recopilando fotos, discos e informaciones y las voy colgando en Internet, porque algunos fans me lo han pedido mucho y también quiero que mis nietos sepan el día de mañana quién fue su abuela y a qué se dedicó», explica. De momento, eso sí, ninguno de sus siete nietos ha heredado su talento para el cante. Pero sí su amor por Galicia. «Siempre les hablo de mi tierra», dice La Galleguita.

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