Un sabroso y divertido viaje al pasado en Vimianzo

CARBALLO

Fernando Mancebo, Manuel Muíño, Antonio Miñones, Manuel Antelo, Juan Torrado, Manuel Rivas e Isabel López disfrutaron de la cena medieval de Vimianzo.
Fernando Mancebo, Manuel Muíño, Antonio Miñones, Manuel Antelo, Juan Torrado, Manuel Rivas e Isabel López disfrutaron de la cena medieval de Vimianzo. a. l., ana garcía

08 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

No tuvo la magia de una cena medieval en el foso de un castillo reconstruido hace seis siglos, pero los asistentes a la gran cita previa al Asalto ao Castelo de Vimianzo se lo pasaron en grande. Vestidos como en el medievo, los comensales tuvieron que mudarse al polideportivo y a la luz de las velas fueron dando buena cuenta de las viandas que formaban parte de un menú que en el siglo XV se hubiese considerado un auténtico lujo.

Todos con vestimentas que recordaban el medievo se acomodaron en las mesas instaladas en el polideportivo municipal y a la luz de las velas fueron dando cuenta de las viandas. Medio millar de irmandiños ocuparon el pabellón, entre ellos los alcaldes de Vimianzo, Manuel Antelo Pazos; Zas, Manuel Muíño Espasandín, y Camariñas, Manuel Valeriano Alonso de León, concejales como Antonio Miñones Riveiro y Fernando Mancebo Amigo, además del portavoz del grupo parlamentario del BNG, Carlos Aymerich. Tampoco faltaron a la cita el escritor Manuel Rivas, y su esposa Isabel López Mariño; ni la presidenta de la asociación Amigos do Liño, Carmen Riveiro; la de Neira Marcos, Teresa Ferreira, o el empresario Vicente Domínguez, que además aportó parte de los sabrosos productos de la cena.

Fue una noche larga y muy divertida en la que las personas que actuaron tenían muy difícil hacerse oír. Empezando por el pregonero, Miguel Rama Amigo, los violinistas de dúo Leixaprén, y otros que intervinieron durante una noche gracias a los organizadores de Cherinkas y Axvalso, con Miguel Antelo Lema a la cabeza. Todos ellos se esforzaron sin descanso para que los asistentes se lo pasasen en grande en una fiesta que se prolongó hasta que se hizo de día y en la que no faltó la queimada, que ofició Miguel Queiro Pérez. La noche estuvo tan bien ambientada que hasta hubo halcones, tranquilos en las manos de Juan Torrado Valiña, el «guardián» del castillo.