«Nuestra artesanía nació en los conventos de las benedictinas»

La Voz

CARBALLO

El encaje de Offida (Italia) se mantiene vivo sin escuelas pasando de madres a hijas de generación en generación, cuentan Claudia Almonti y Iolanda Otavi. Nació a finales del siglo XV, «en los conventos benedictinos, donde la enseñaron las monjas», dice Otavi.

Continuó en el tiempo y durante años fue un recurso importante, cuentan, formando parte los tejidos hechos a mano de ajuares de novias y de las iglesias. «Antes sí contribuía a la economía local, se vendía para poder comer, sobre todo mujeres de artesanos», dicen.

En principio no solo se tejía, sino que se hacía el proceso desde le inicio, trabajando el algodón para obtener el hilo. También se usaban lino y cáñamo. Hoy eso se ha perdido y los hilos se compran. «El estilo -dicen- es distinto al de Camariñas», también lo son la almohada, redondeada, y el soporte sobre el que se apoya, un trípode.

En los últimos años la tradición fue cambiando. Antes solo se hacían piezas en blanco y crudo mientras que ahora se emplean colores y hasta hilos de metales. Se trabaja para el sector de la moda, pero también se hacen joyas.

Es la primera vez que acuden a la Mostra y esperan seguir haciéndolo en próximos años. «Nos gusta la zona, la Costa da Morte tiene cosas preciosas de interés turístico, nos encanta su paisaje salvaje», cuentan en su puesto de la Mostra.