«Echaré de menos el pueblo»

Santiago Garrido Rial
S. G. RIAL CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO

El doctor deja Camariñas tras 23 años de ejecicio profesional

16 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Carlos Ferreiro Casal (55 años) trabaja como médico en el centro de salud de Camariñas desde hace algo más de 23 años. Aunque, en realidad, ese es el tiempo que lleva de manera continuada, porque antes, desde mayo de 1980, ya había estado durante cinco meses. Así que su primer contacto con la localidad se produjo hace más de tres décadas. Poco le queda ahora, porque en los primeros días de marzo cambia de destino: se marcha al centro de salud de Labañou, en A Coruña, su ciudad natal y en la que reside. Más cerca de casa y muchos menos kilómetros de carretera cada día. Los vecinos (y pacientes actuales o pasados) le han preparado un homenaje para el próximo día 5 en el restaurante Catro Ventos, a las 14.00 horas. Dice que es «una satisfacción muy grande» este acto.

-¿Le costará dejar Camariñas?

-¡Claro! Son muchos años aquí. Desde luego que echaré de menos el pueblo. Yo digo que ya soy tanto de aquí [Camariñas] como de A Coruña. Se puede decir que me siento y soy camariñán. Incluso me lo dicen. La ventaja del cambio, al menos, es que evitaré el tute diario de coche. Son 180 kilómetros entre ida y vuelta, hora y cuarto en cada sentido, levantándome a las 6.30 horas. Por cierto, que quien me debería de hacer un homenaje es Tráfico, porque en todo este tiempo no he me han puesto ni una sola multa. Y radares sí que los hay.

-¿Cómo recuerda los primeros tiempos en Camariñas? ¿Ha cambiado mucho?

-Ha cambiado todo mucho y para mejor. No hay comparación. El centro de salud está en el mismo sitio, pero el de ahora es otro. Antes no había ni agua caliente. Y cuando llovía, aquello era tremendo. Los medios son otros. Para las suturas, por ejemplo, tenías que ir tú a la farmacia y conseguir las cosas necesarias. Trabajaba solo un enfermero, que tenía una Vespino e iba con ella a hacer las curas hasta Camelle. Y, por la noche, si había urgencias, pues yo le llamaba a través de una ventana y nos íbamos los dos. Y si necesitábamos un gotero, íbamos primero a la farmacia a buscarlo. En fin, son muchas cosas. La ambulancia tardaba mucho, no había aún punto de atención continuada, tenías que trabajar a veces semanas enteras y cubrir también Camelle y A Ponte do Porto... Esto ha mejorado muchísimo.

-Ya que cita la ambulancia, hubo una que llegó muy lejos.

-Sí, ¡en Kosovo! Era una que se había donado y el Concello tenía que pagar el conductor. Al final, no podía, y acabó en otra parte.

-La ambulancia se incluía además en un paquete de promesas electorales. Usted fue concejal del PP cuatro años, del 91 al 95. ¿Qué tal la experiencia política?

-Mal, porque yo no sirvo para la política, no me va. Iba de segundo, pero no tenía disciplina de partido. Así que si había que votar en contra de algo que era bueno para el pueblo por tema de partido, a mí no me gustaba y no iba a los plenos. Además, me convencieron con ciertas promesas de inversiones que al final no llegaban o tardaban mucho.

-¿Qué tal con la gente? ¿Recuerda cuándo llegó desde A Coruña?

-La primera vez había veces que no les entendía si hablaban muy rápido. Casi no me enteraba. Con el tiempo, muy bien, encantado. En la medicina que practicas en los pueblos, es tan importante la parte humana como la profesional. Aquí hablas con los pacientes, te cuentan sus cosas, sobre todo los mayores. Muy bien, de verdad. Es distinto al resto, a las ciudades, me gusta más. Creo que hay más sinceridad, más nobleza. En A Coruña tendré que cambiar el chip.

-¿Y los pacientes? ¿Le echarán de menos a usted?

-Muchos, desde que se enteraron de que me iba, ya me dijeron que vuelva cuando quiera, me ofrecen una habitación en su casa, que esté con tal o cual familia. No puedo decir más que los vecinos de Camariñas se portan conmigo de una manera encantadora.

CARLOS FERREIRO CASAL MÉDICO