El edificio pudo «nacer» a pocos metros, en una casona de la que no queda nada, y donde aparecen restos arqueológicos
06 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.Las Torres do Allo, uno de los emblemas de la Costa da Morte y pazo gallego clave en la transición del siglo XVI desde las fortalezas, volvieron a la vida hace diez años, tras la restauración realizada por su dueña, la Diputación, que las salvó de la ruina absoluta. Revivieron no solo por las obras, sino por lo que derivó de ellas: hoy son un museo de la comarca y de los pazos gestionado por Neria, su historia puede descargarse en los móviles gracias a los modernos códigos QR y se han editado varias publicaciones, alguna tan voluminosa como la de Jesús Ángel Sánchez García.
Y, sin embargo (o tal vez por ello) las Torres y su entorno siguen llenas de misterios. El párroco, Fidel Fernández Bello, los conoce casi todos, y para buena parte tiene respuestas, que prefiere denominar hipótesis.
Por ejemplo: ¿Dónde estaba la torre original, antes de que existiesen las dos actuales? El sacerdote, que maneja un torrente de datos y es aficionado a la historia, cree que en su origen se trataba de una casona levantada a pocos metros, en un leve alto, casi enfrente y al lado de la pista de la iglesia, que desde hace decenios es campo de labor. Y cada vez que se araba iban apareciendo restos. Hay numerosos trozos de tégulas (los recoge desde 1967), barro aprisionado típico de las eiras , una posible piedra de rascar cueros, un probable elemento de telares...
También la iglesia pudo pasar de esta zona al lugar actual, aprovechando piezas de la anterior. En su fachada aparecen relieves que tendrían más sentido, tal vez, en el templo primitivo, y también llama la atención la base del pórtico de la entrada, que sustenta el sobrado, y que parece de una piedra de campana al revés, con agujero y todo.
La finca, por cierto, se conoce como Cocho Vello, lo que denota que ahí se guardaba algo. Antes, el agua no llegaba ahí directamente, por su posición, pero en la nueva ubicación, sí. Además, en las catas realizadas frente a las Torres aparecieron restos dos calzadas superpuestas, y una de ellas apunta directamente a esa zona. Fidel Fernández cree necesaria una nueva excavación, pero no solo para eso, sino para, entre otros, descubrir los restos del foso de la torre norte, la primera, la vieja, ahora relleno e imperceptible.
Los caminos pueden ser otra fuente de sorpresas, y ahí son muy útiles los mapas y los planos antiguos. Poco tenían que ver con los actuales, y su dirección refuerza más aún la hipótesis de la antigua casona, con una vía que llegaría desde Tines y tras pasar por Lamas. La avenida arbolada actual es muy joven, puede que ni 150 años. En los planos, incluso recientes, aparece como «camino particular», para dar servicio a las Torres en una época en la que la AC-552, claro, no existía. Ni siquiera el de la iglesia, que es de 1969.