El escritor de Cuntis relató en Muxía varios capítulos de la historia de los naufragios en la comarca
18 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Juan Campos Calvo-Sotelo (Cuntis, Pontevedra, 1948) impartió el sábado en Muxía una charla organizada por el Club do Mar e Náutico, en la que acercó las historias más interesantes recogidas en su libro Náufragos de antaño. En la obra, de la editorial Juventud, este psicoterapeuta apasionado del mar narra las leyendas que rodean a los principales naufragios, y de los no tan conocidos, ocurridos en la Costa da Morte. Al público le entusiasmó el encuentro y prueba de ello fue el gran número de ejemplares que se vendieron al concluir la sesión. Se puede adquirir por 20 euros, si todavía queda alguno.
-Para usted, ¿hasta dónde llega la Costa da Morte?
-Basándome en los documentos más antiguos que he encontrado, que datan de principios del siglo XX, la zona para mí es mucho más amplia de lo que se determina habitualmente. Para mí va desde el norte de la ría de Arousa hasta casi A Coruña. Pero eso es lo que considero yo, no hay nadie que pueda decir que eso es cierto o no (ríe). Lo que está bastante claro es que el nombre se lo acuñaron a raíz de la enorme cantidad de naufragios que hubo por aquel entonces.
-¿Sobre qué naufragios habló?
-Principalmente, del Serpent, que ocupa uno de los capítulos más amplios del libro. Fue uno de los que más huella dejaron, por el número de cadáveres que se recuperaron. También del Adelaide, que se hundió en las costas de Laxe. Creo que deberían aprovechar la historia y hacerla atractiva al visitante.
-Habrá muchos mitos que rodeen a estas historias.
-Sí, por ejemplo, del Serpent se decía que era un buque escuela, porque había muchos jóvenes en la tripulación, pero es falso. Es más, está archidocumentado que ni siquiera había un solo guardia marina. Su hundimiento se debió, además, a que el capitán Ross no lanzara la sonda, más que al fuerte temporal. Luego hay un mito muy extendido que dice que en muchas costas, no solo en esta comarca, se prendían hogueras para atraer a los barcos y provocar sus naufragios para, acto seguido, desvalijarlos. Pero el pillaje, que sí que existía, era una vez que los navíos encallaban por cualquier otra circunstancia.
-No solo rebusca en el pasado, sino que también lo hace en el futuro...
-Localicé a una sobrina-nieta del comandante y a otra de uno de los marineros que sobrevivieron. Me carteé con ellas algún tiempo para conocer más datos y profundizar en sus historias.
-¿De dónde le viene esa pasión por el mar?
-Veraneaba con mi familia en Sanxenxo. Mi padre, que era muy aficionado al mar, alquilaba galeones durante un mes y pasábamos muchas horas navegando por la zona. Uno de estos barcos era el Silma, del cual era patrón José Figueiro. Él nos enseñó muchas cosas a mi hermano y a mí.