«O principal valor de Carballo é a xente tan traballadora»

CARBALLO

El gestor del Centro Municipal de Formación desde hace 21 años alaba el talante emprendedor de los vecinos y la utilidad de las escuelas taller

01 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El perfil profesional de Juan Lorenzo, y más en los tiempos de dificultades laborales que corren, invitan a llevar directamente la conversación hacia sus competencias. No obstante, es el perfil personal el que gana. Juan es carballés de toda la vida. Ya desde el nombre, porque nació el día de patrón, un 24 de junio, en plena fiesta grande, «un día que chovía a cántaros e no que houbo que suspender un rejoneo dos irmáns Peralta», cuenta por lo que le contaron a él. Su casa estaba en el epicentro de la vida social de Carballo, el bar y restaurante Bergantiños, calle Camiño Novo, en el que todo el mundo paraba. Lo fundaron en 1960 sus padres, así que ahora cumple el medio siglo. En él se crió, escuchó mil historias, aprendió a jugar a las cartas, fraguó amistades que aún duran y vio como pasaba la vida que era tan distinta a la de hoy. Su padre era de Berdillo, y su madre, de Coristanco. No había muchos medios en aquella época. El progenitor trabajó en una carpintería de San Román de Cabovilaño, a la que iba andando «pola comida». Después tuvo una taberna en Berdillo, el bar A Barra, frente a los Troles, y ya el Bergantiños. La infancia de Juan se repartía entre «o bar e o xardín». Detrás del mostrador observó la evolución social, escuchó opiniones enfrentadas a las que otros chicos de su edad no tenían acceso, conoció a clientes (habla con mucho cariño de los de Berdillo, especialmente la peña del San Lorenzo) de toda la comarca. Recuerda algunas costumbres. «Na Semana Santa pechabamos as portas do negocio e apagábamos as luces. No Nadal, os que tiñamos comercio dábamoslle un regaliño ao garda que estaba no cruce da estrada de Malpica». Su Carballo era el centro. «A primeira saída que fixen do casco foi a da escola Fogar», bromea. Jugaba en la Condesa, aquella casona ajardinada junto a los Baños que tenía su punto iniciático: «Na adolescencia, había que entrar, saltando os seus muros, como unha especie de bautismo para ser maior. E os que o facíamos, despois contabamos aquilo como unha gran aventura». Era aquel el famoso Carballo bonito del que tanto se habla. ¿Seguro? La opinión de Lorenzo aporta otros matices en un largo razonamiento: «É un tema complexo, un debate nostálxico. Sempre dicimos que todo o pasado foi mellor. Temos unha memoria selectiva, que só lembra o bo. Ás veces, as cousas mitifícanse. Carballo é un pobo de aluvión, nunca tivemos un urbanismo definitorio como hai noutras vilas galegas. Cada sitio é como é, e aquí o que nos caracteriza é que sempre tivemos xente moi traballadora, moi entregada. Meus pais traballaban 14 e 15 horas, e como eles, a maioría. Había comercios, emigrantes, as casas íanse facendo como se podían. Non eran como as que construían os indianos noutros lugares, e así foise facendo o que temos. Non hai que recrearse nas carencias, aínda que é certo que todo se puido facer mellor». Juan introduce en la anterior reflexión lo que, en su opinión, es lo que caracteriza a la localidad: «O principal valor de Carballo é a xente tan traballadora e tan emprendedora que ten. Fronte a outras vilas, isto é o que máis nos define». De A Cristina al Fórum Su trabajo está en un edificio de A Cristina, uno de los barrios que más cambios ha experimentado en la última década. En breve migrará al Fórum de A Milagrosa, nada que ver. El Centro Municipal de Formación es conocido, sobre todo, por las cinco escuelas taller y un obradoiro de empleo que ha desarrollado. Y gracias a ellas se pudieron realizar obras como el parque do Anllóns y el Pazo da Cultura. Por eso elige ese lugar como su rincón (aunque dudó con el Bergantiños): «É un elemento fundamental na miña vida. Desde o punto de vista laboral, porque este proxecto foi un salto cualitativo, o parque primeiro, e o Pazo despois contribuiu a realzar máis a zona. E, dende o persoal, porque foi naquel momento cando naceron os meus xemelgos», dice por Daniel y Pablo, de 12 años (el pequeño Mateo tiene 5). De aquella primera escuela taller se muestra muy orgulloso. «Foi a primeira que chegou a Carballo, tras pelexar moito. Daquela aínda dependían de Madrid, e foi unha loita durísima, con moitas reunións, viaxes a Madrid...». En uno de ellos, en una Secretaría de Estado, coincidió con varios alcaldes gallegos. Todos habían llegado trajeados en avión, y él lo había hecho en tren, «para aforrar». Como el resto se presentaban como alcalde, él improvisadamente se definió como teniente de alcalde: el caso era conseguirla. Con las más de dos décadas que lleva con el tema, reclama «un debate serio» sobre los requisitos, objetivos y funcionalidades de las escuelas taller y, sobre todo, de los obradoiros de empleo. La pregunta que se les hace siempre es si sirven para la inserción laboral. Por la parte local, responde: «Levo con orgullo que haxa importantes empresarios de Carballo que se formaron nelas. E nunca esquecerei o nome do primeiro empregado que conseguimos, Carlos Aguiar, na Renault. Empregouse moita xente». Otra cosa es el debate general. «¡Se a inserción fose total, sería o ministro de Traballo!», dice. A veces, insertar significa, en función de la circunstancias, que los alumnos ya cumplan los horarios. Los baremos que les vienen marcados de la UE, que premian más a determinados colectivos que a otros jóvenes que sí desearían formarse, no ayuda, y les empujan más hacia los servicios sociales. Un plan a tres años vista, como al principio, ayudaría bastante.